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El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey presenta en esta ocasión la exposición Loretta Lux, dedicada a esta creadora alemana cuyas fotografías conservan la influencia de su formación como pintora.

Se trata de retratos, mayormente de niños, realizados por la artista entre 1999 y 2008, en los que los personajes emanan un aire misterioso y surrealista.

Sus modelos, cuidadosamente escogidos, suelen ser los hijos de sus propios amigos, a quienes retrata en un estudio con una iluminación meticulosa, para posteriormente colocarlos sobre fondos previamente elegidos de acuerdo a su intención.

Éstos pueden ser tanto fotografías como pinturas realizadas por ella misma, conjuntando así el arte tradicional con los nuevos medios.

Lux no pretende capturar la esencia cándida y espontánea de los pequeños, puesto que ha declarado que su fotografía no se trata de los niños, ellos son como marionetas que viste y dirige a su antojo hasta conseguir la escena perfecta.

Su trabajo ha sido expuesto ampliamente, incluyendo exposiciones individuales en el Museo de Fotografía de La Haya y la sexta Fotobienal de Moscú. Recibió también el Infinity Award de Arte del Centro Internacional de Fotografía en 2005.

Sus retratos forman parte de numerosas colecciones en Europa y Estados Unidos, entre las que se encuentran el Museo Guggenheim, el Museo de Arte Moderno de San Francisco, el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, el Instituto de Arte de Chicago y el Museo de Israel, en Jerusalén.

Con Loretta Lux, MARCO invita al espectador a explorar las posibilidades de la mirada, tanto la propia como la de los personajes que le miran desde el muro de la sala.

DURACIÓN: Del 9 de mayo a agosto, 2008.
SALAS: 1, 2, 3 y 4 / Planta baja.
NÚMERO DE OBRAS: 65 piezas.
TÉCNICAS: Ilfochrome.
MUSEOGRAFÍA: Bertha Cantú.
CATALOGO: Editado por MARCO incluye textos de Jorge Contreras, curador del Museo.


PRESENTACIÓN

Juventud, inocencia, libertad, tranquilidad de conciencia, una vida simple...

¿Será ese el paraíso perdido de la infancia que, asegura Loretta Lux, evocan sus muñecos vivientes?

Niños perdidos en una dualidad, vivos-muertos, reales-imaginarios, sus miradas no guardan esa chispa infantil que se apaga con los años, sino que delatan un conocimiento adulto, casi sobrenatural.

Parecieran haber visto el futuro que les espera, que nos espera. Pero no guardan el secreto con risitas traviesas sino con miradas inquietantes.

Los escenarios suelen ser minimales, pocos elementos arropan a los personajes, que parecen inmersos en un mundo surrealista de colores pastel. La luz que los baña, muy a la manera de los grandes maestros, los congela en un tiempo y espacio indefinidos, como esperando la eternidad.

Y esa soledad, la sensación de estar fuera de lugar que se respira en la mayoría de estas obras es intencional pues, considera la artista, todos estamos perdidos en un mundo que no entendemos.

Lux, antes que negar, exhibe la gran influencia que tiene en su obra la educación en pintura recibida en la Academia de Bellas Artes de Munich y los pinceles de grandes maestros como Bronzino, Goya, Runge y Velázquez.

Pero ella no recurre a los grandes formatos para impresionar al espectador, sino que lo atrae con formatos más bien pequeños, obliga a acercarse más y mirar con detenimiento para descubrir qué se esconde tras cada gesto y cada mirada.

Su obra también ha sido comparada con la de famosos retratistas de niños como Julia Margaret Cameron y Lewis Carrol, entre cuyos retratos de niñas se encuentran los de Alice Liddell quien, se dice, le inspiró la historia de Alicia en el País de las Maravillas.

Y, así como la Alicia de Carroll, los personajes de Loretta Lux parecen estar atrapados en un mundo paralelo y mirarnos a través del espejo.


LORETTA LUX
Texto de Jorge Contreras, curador de MARCO, que aparece en el catálogo.

En la obra de Loretta Lux, la fotografía abandona sus primeras pretensiones ontológicas de representar algo, detener el tiempo, registrar, etc.; y emprende un camino distinto: hallar nuevas rutas para la experiencia humana del deseo de vivir.

Si el valor del trabajo de un artista es transgredir para ampliar los límites de una disciplina, Loretta Lux consigue además abrir un camino para llevar la fotografía a los dominios de la reflexión sobre la percepción y la conciencia de observar una imagen.

Mirada que abre grietas en el mundo, sus fotografías exploran aquello que nos hace concientes de vivir. Sus fotografías tienen poco que ver con los niños que son sus modelos, tienen más que ver con la creación de un ámbito nuevo de experimentar la propia vida.

Cada una de sus imágenes instaura al espectador en el ámbito de lo extraño, cuerpos cuyas proporciones son inusuales, y ojos cargados de miradas que plantean interrogantes, y disparan al mismo tiempo posibilidades narrativas para cada escena. La mímesis originaria de la fotografía se convierte en punto de partida para la imaginación que permite hallar relaciones ocultas entre las cosas y construir un relato, una historia de vida, un futuro para sus personajes.

El extraño ambiente de sus fotografías hace que cada elemento no funcione como signo icónico, sino como signo indicial; es decir, que funcionen como disparadores inferenciales que otorgan al espectador la posibilidad de construir múltiples interpretaciones, e incluso múltiples narraciones; y más, permiten al espectador la conciencia de su propio proceso de percepción visual.

El trabajo de esta artista se convierte entonces en una reflexión sobre las posibilidades de la mirada y su vínculo con nuestros deseos y anhelos que ponemos en juego mediante la percepción.

Si la mirada es un artefacto construido históricamente, la de Loretta Lux puede vincularse a una tradición de retratos como los de Lewis Carroll, o de Julia Margaret Cameron; sin embargo, la principal diferencia es que Loretta Lux propone una mirada que tiende hacia lo que no puede ser visto, hacia lo que no puede ser captado en su totalidad.

El misterio del ambiente en cada una de las imágenes de esta artista abre el mundo aparentemente estable, lo toca en otra dimensión, inventa una estética alterada, el dominio de lo extraño, la fractura que inaugura nuevos ámbitos para la comprensión de la mirada humana.

El resultado del proceso abierto por las fotografías de Loretta Lux es la aparición de una mirada entendida como pasión, en la cual los objetos del mundo son potencia y voluntad al mismo tiempo, la vida en los elementos de sus fotografías consiste en un proceso, en un estar siendo, y el significado es antes deseo.

De esta manera, sus obras tienen vínculos con la historia del arte y de las formas estéticas, pero proponen más bien una intensa exploración de las formas de sensibilidad que aparecen a partir de mirar, propone una forma de indagar, mediante imágenes, lo que da origen al deseo y, en el fondo, a la vida.

Decimos que estamos viviendo como un comentario reflexivo que hacemos cuando observamos nuestra propia experiencia, esta experiencia siempre sucede en una situación en la que separamos nuestro cuerpo del contexto en el cual nos hallamos, por ello encontramos que algo aparece como un yo que establece los límites de cada experiencia, y que resulta una instancia de lo que llamamos vida.

Mientras exploran los límites de la mirada, las fotografías de Loretta Lux, hacen al espectador conciente de las posibilidades de su percepción, y del papel que juega el deseo para hacer posible cada experiencia. Estas imágenes nos recuerdan, como en el texto de Antonio Lobo Antunes, que no es suficiente estar en el mundo para estar vivos; que es necesario el ejercicio radical y humilde de la conciencia de nuestros deseos.


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