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El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey se complace en albergar de nuevo en sus salas la obra de Julio Galán, en un homenaje póstumo que reúne lo más representativo de la obra de este polémico artista.

Nacido en Múzquiz Coahuila en 1958, desde niño se trasladó a Monterrey para realizar sus estudios y fue aquí donde su arte empezó a emanar con mayor libertad.

Juguetes, animales, íconos de las tradiciones mexicanas, religiosas y barrocas pueblan su imaginario además de su propia imagen. En conjunto, conforman la evidencia de su búsqueda de identidad, ahondando en los elementos que influyeron en la construcción de su personalidad.

En Julio Galán. Pensando en ti, el espectador podrá contemplar estos ejercicios de autodescubrimiento a través de más de 100 óleos además de pasteles, fotografías y objetos que pertenecieron al artista.

Aunque carentes de la manufactura del propio Galán, fotografías y objetos no pueden dejarse de lado pues, por un lado, los objetos llegaron a ser parte inseparable de su persona y las fotografías, aunque realizadas por artistas de la lente, no fueron resultado de la casualidad sino de una cuidadosa planeación por parte del pintor, en un constante control de lo que los otros percibían de él.

Siempre luchando por la libertad de ser, las irreverentes obras de Galán no pueden pasar desapercibidas. Son angustias, deseos, miedos reprimidos que provocan repudio, congoja, sonrojo o carcajada cuando el espectador descubre cuánto de si mismo se esconde en cada trazo, en cada gesto de la figura que desnuda su cuerpo y su alma y profiere desafiante: Así soy, ¿y qué?

DURACIÓN: Del 14 de septiembre, 2007 a enero, 2008.
SALA: 1, 2, 3 y 4 / Planta baja.
NÚMERO DE OBRAS: Más de 130 piezas.
TÉCNICAS: Óleo, pastel, collage, cerámica, fotografía y objetos.
CURADURÍA Y MUSEOGRAFÍA: Guillermo Sepúlveda.
CATALOGO: Editado por MARCO. Con textos de Jorge Contreras, curador de Museo.


PRESENTACIÓN

Para unos fue una muerte temprana. Para otros, el deceso de Julio Galán a sus 47 años no fue prematuro. Precoz fue su existencia, considera Carlos Monsiváis, pues lo llevó a experimentar en menos de medio siglo cinco vidas humanas.

Un ser con una genialidad nata, excepcional en todo lo que rodea a su vida y su obra, de curiosidad infinita y agotadora, son algunas de las percepciones que de sí dejó en quienes lo conocieron ya sea en la sala de un museo o en la de su propia casa.

Julio Galán. Pensando en ti es la manera en que el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey rinde homenaje al llamado niño terrible del arte mexicano a un año de su partida, con las obras más representativas de su quehacer artístico.

La intensidad con la que afrontó cada vivencia, cada sentimiento y los plasmó en sus obras, calificadas como neoexpresionistas, acerca al espectador no sólo al interior de Julio Galán sino a un análisis de sus propias emociones.

Se dice de Galán que tomó íconos representativos del mexicanismo y los reivindicó ante el mundo y así fue; pero él, siempre trasgresor, provocador, usó la imagen del macho y vistió de charro a su abierta homosexualidad.

Julio niño, militar, mandarín, luchador, Cristo y hasta su propia madre son sólo algunas de las máscaras que el artista se prueba en la búsqueda de una realidad oculta que le ayude a definir su identidad.

Los juegos infantiles, íconos religiosos, el barroco mexicano y otros elementos constantes en su obra se mezclan con corazones ensangrentados, cuerpos flagelados y muñecos siniestros carentes de inocencia; como telón de fondo estuvieron siempre la irreverencia, el sarcasmo y la ironía.

De sus pinceles surgió un mundo sin limitaciones ni géneros sexuales definidos; en una época de control moral, neutralizó las represiones de la sociedad.

Pero la intención de Galán nunca fue aleccionar a nadie a través de su arte, se dedicó a profundizar en sus emociones a tal punto que, en ocasiones, al contemplarse en el lienzo se sorprendía de descubrirse fragmentado.

En los últimos años la visión de si mismo se le reveló insoportable y ya no pintó más, lo alcanzó la angustia de desaparecer antes de tiempo, angustia que, a decir de Guillermo Sepúlveda, siempre lo atormentó.

Quizá por que tenía muy claro cuándo partiría.

Para la inauguración de su última exposición, en la Galería Arte Actual en 2003, impuso su deseo de que las invitaciones tuvieran el formato de una esquela.

“Era la despedida”, reconoce Sepúlveda, “y no nos dimos cuenta”.


JULIO GALÁN. 1959 – 2006
Texto de Jorge Contreras, curador del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Fragmento.

En la percepción inventamos límites para nuestras ideas y nuestras emociones, inventamos gestos y valores para identificarnos y definir lo que llamamos otro. Una de las funciones del arte ha sido colocar nuestro pensamiento y nuestro registro emocional en el filo de sus límites, gracias al gesto estético que rompe la sintaxis del mundo.

En la literatura, Michel Tournier encuentra un gesto estético en el deslumbramiento que experimenta su personaje Robinson mientras observa que una gota de agua detiene su caída y, con ella, se detiene el tiempo; Italo Calvino lo encuentra con el guizzo, con la reacción patémica y sensorial del Señor Palomar ante la visión de unos senos desnudos; y Junichiro Tanizaki, en su Elogio de la sombra, encuentra un momento estético en la observación del color de la oscuridad. El gesto estético nos ofrece posibilidades de librarnos al mismo tiempo de los límites que imponen nuestro bienestar y nuestro sufrimiento; nos permite observar la naturaleza de los límites e incluso cuestionar su necesidad, y nos ofrece, por un breve instante, la experiencia de libertad.

En la obra de Julio Galán, la estrategia de la libertad es el contagio, su pintura inquieta, seduce, atrapa, adhiere, porque está cargada del riesgo que implica mantenerse a la intemperie asumiendo cada experiencia, incluso la de la memoria, como nueva. Cada una de sus piezas da cuenta de una constante reinvención, ejercicios de búsqueda permanente que termina por asumir que la propia identidad es contingente, que es un artefacto histórico y funcional. El funcionamiento de las imágenes en sus obras no es icónico sino indicial, dispara procesos inferenciales que buscan el soporte de una narración cuya composición no reside en la trama sino en el establecimiento de un ámbito emocional específico, urdimbre del afecto que representa más bien el itinerario emocional del autor. Expresar una fragilidad de cristal resulta uno de los rasgos mas fuertes del lenguaje de este artista.

Como en el texto de Octavio Paz: Este cuerpo me presta su cuerpo, Julio Galán parte de la identificación de sí mismo con un cuerpo para tomar distancia y realizar una exploración que va del reconocimiento hasta la invención de una imagen que trasciende sus lienzos y toma su vida, regula sus acciones y termina imponiéndosele. Julio Galán se convierte entonces en la máscara, en el disfraz, en el simulacro de cada gesto, y con ello logra revelarnos que todo el abigarrado conjunto de acciones y omisiones que son cada vida, son precisamente una construcción social; así, la materia con la que Julio Galán juega es la vida misma, y su diversión consiste en revelar su naturaleza de ennactuación.

Esta característica vital en la obra de Julio Galán es la diferencia con los otros artistas del neoexpresionismo que tuvo su origen en Alemania y Estados Unidos; y es quizá la aportación más visible del mexicano a esa corriente, por ello también su vínculo con la obra existencial de Frida Kahlo, ambos con presencia internacional muy importante. Otra de las aportaciones originales de la obra de Julio Galán al neoexpresionismo es que corresponde a la tradición visual católica y barroca de nuestro país.

En el trabajo de Julio Galán se ha visto una indagación sobre la identidad, sin embargo, en su mundo las identidades son efímeras y las certezas que las sostienen son frágiles; sus obras, en múltiples temas y figuras, son siempre autorretratos contingentes. En sus pinturas hay una arriesgada indagación sobre los mecanismos con los cuales se construye la conciencia de uno mismo, logran mostrar que el reconocimiento es siempre mímesis.

Por otra parte, las obras de Julio Galán también provocan un deslumbramiento que resulta de la seducción de proponer lo prohibido, con ello, sugieren la satisfacción de habitar los límites inestables de la conciencia. En cada una de sus pinturas Julio Galán ofrece su rostro, ofrece su cuerpo y sus ideas; ofrece la posibilidad de participar, con placer y dolor, en la búsqueda que mantuvo de sí mismo.


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