Hago arte por hacer arte, pero a veces tiene un sentido terapéutico.
Sophie Calle

Las obras de Sophie Calle, una de las artistas francesas de mayor reconocimiento en la actualidad, se caracterizan por la integración de textos, fotografías y objetos con los que presenta una búsqueda de la identidad y personalidad de diversos sujetos, en muchas ocasiones ella misma, en la que lo importante son las vivencias y emociones compartidas por los seres humanos, a pesar de las aparentes diferencias que nos separan. Así, varias de sus obras incluyen elementos biográficos mezclados con ficción; sin embargo, algunas abordan claramente emociones y sentimientos muy personales, tal es el caso de Cuídese mucho, gran instalación que actualmente se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, creada a partir de la carta que le envió su entonces pareja para terminar la relación, obra que representó a su País en el Pabellón Francés de la Bienal de Venecia 2007.


Mucho más íntima y poética es la instalación Rachel, Monique, como memoria, homenaje a su madre. Esta obra, que aún continúa creciendo con nuevos elementos, se inició en 2006 con el video de 11 minutos Couldn’t Capture Death que la artista tomó en la alcoba de su madre en París, porque quería acompañarla en sus últimos momentos y no perderse sus últimas palabras, el cual se presentó por primera vez en el Pabellón Internacional de la Bienal de Venecia de 2007. El título del video alude al hecho de que a pesar de tener instaladas cámaras y encontrarse Sophie y una enfermera en la alcoba, la muerte llegó tan apaciblemente que no pudieron determinar con exactitud el momento en que se le escapa la vida. Refiere la artista que las últimas palabras de su madre fueron sanssouci  (sin preocupación), sin embargo, la última, souci, paradójicamente significa lo contrario.

La instalación incluye además varias fotografías de su madre y de ella misma en su infancia, diversos objetos significativos en su vida, además de un audio (2014) en el que la artista Kim Cattrall lee varios pasajes del diario que Rachel llevó entre los años 1980 y 2000, así como otras cosas que Calle ha añadido, tales como unas preciosas cortinas bordadas con la palabra souci, la misma palabra formada sobre una pared con mariposas, una fotografía del ataúd abierto acompañada de un texto y una fotografía de la lápida en la cual se lee: MONIQUE SINDLER. Nacimiento un 21 de mayo (sin el año, pues no le gustaba revelar su edad). Muerte en 2006; y el epitafio que su madre eligió: Ya me estaba aburriendo.

Por una afortunada coincidencia, tuve la oportunidad de visitar una selección de 14 piezas de esta instalación en la Ciudad de Nueva York, en la Episcopal Church of the Heavenly Rest, ubicada una cuadra al norte del Museo Guggenheim. Presentada en la pequeña capilla de la nave por Paula Cooper Gallery y Galerie Perrotin del 9 de mayo al 25 de junio del año en curso, uno no puede menos que pensar que éste es el espacio ideal para la instalación: tranquilo, pequeño, acogedor, aislado del movimiento urbano exterior, de tal manera que invita a reflexionar en el tributo profundamente personal que refleja el amor de la autora hacia su madre, así como el pesar por su partida, reflexión que de alguna manera alcanza al visitante y lo lleva a preguntarse cómo enfrenta sus propias pérdidas, cómo las recuerda y cómo las conmemora. Sophie ha mencionado que en realidad su obra se refiere a ausencias, y eso es absolutamente evidente en esta obra, la cual se ha exhibido previamente en el Palais de Tokyo, de París, en 2010, y en el Festival d’Avignon, en 2012.

Al recorrer la muestra y por lo expresado por la artista en varias entrevistas y en el libro que publicó en 2012 sobre esta instalación (Elle s’est appelée succesivement Rachel, Monique, Szyndler, Calle, Pagliero, Gonthier, Sindler. Ma mère aimait qu’on parle d’elle), se da uno cuenta de que Monique, quien también se hacía llamar Rachel fue una persona que amaba profundamente la vida, que la disfrutó al máximo, que nunca perdió el sentido del humor (como lo recuerda el epitafio que escogió), y que conocía perfectamente a su hija: en sus diarios escribió que estaba segura de que su morbosa hija visitaría más frecuentemente su tumba que su casa. Y en la carta que cierra la muestra Cuídese mucho, que se presenta en MARCO actualmente, se solidariza con su desilusión, la invita a no dramatizar demasiado y termina diciendo: Tú te vas, se te van, esas son las reglas del juego, y para ti este rompimiento podría ser fuente de una obra de arte nueva-¿me equivoco? Ella nunca había sido el sujeto de una obra de su hija, y eso le molestaba, por lo que, cuando se instalaron las cámaras en su alcoba, exclamó complacida: ¡Al fin!

En la instalación se muestra una fotografía -en tamaño natural- de Monique en su ataúd, vistiendo la ropa que ella misma escogió para su funeral, y un texto de Sophie en donde explica el porqué incluyó diversos objetos, entre los cuales se encuentran: el libro En busca del tiempo perdido de Proust , porque sabía de memoria la primer página y la recitaba a la primer oportunidad; una bufanda de seda de Christian Lacroix, porque era coqueta; varias sonatas de violín de Mozart, porque sólo Mozart era lo que escuchaba al final; papel, lápiz y borrador, porque soñaba en escribir; fotografías de las personas que amó y de ella joven y hermosa; y algunas caléndulas (soucis) por su última palabra.

Recorrer esta instalación me recordó la reflexión que hace Rosa Montero en referencia a su libro La ridícula idea de no volver a verte (Editorial Seix Barral Biblioteca Breve, 2013), obra igualmente personal sobre una pérdida: El dolor compartido es menos dolor…lo que acabo de hacer es el truco más viejo de la humanidad frente al horror. La creatividad es justamente esto: un intento alquímico de transformar el sufrimiento en belleza…Pero además, el sortilegio funciona, porque cuando el sufrimiento nos quiebra el espinazo, el arte consigue convertir ese feo y sucio daño en algo bello. Creo que esos conceptos se pueden aplicar perfectamente a esta obra de Sophie Calle.

Fotografías: Margarita Rodríguez