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El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, dentro del marco del Fórum Universal de las Culturas Monterrey 2007, presenta la primer exposición enteramente dedicada a Frida Kahlo en Monterrey.

Esta muestra es una selección compuesta de obras de la artista, quien nació y murió en Coyoacán, México DF, durante la primera mitad del siglo XX, que abarcan desde dibujos que realizó a los 19 años, luego de haber sufrido un accidente que marcó su vida y obra, hasta algunos de los últimos óleos en los que plasmó de manera dramática su interacción con el mundo que le rodeaba.

Incluye también fotografías con imágenes de la Frida niña, adolescente, mujer, en unas rodeada de glamour, en otras, llanamente un ser humano.

Con piezas del Instituto Tlaxcalteca de Cultura, el Museo de Arte Moderno, el Museo Dolores Olmedo, el Banco Nacional de México, la Colección FEMSA además de coleccionistas privados, se logra una exposición que pone al

alcance del espectador el universo emocional de la artista, ese que da lugar al mito, aunado a la visión objetiva de la lente que registró su paso material por el mundo.

Temas recurrentes en su obra son la mexicanidad, la reivindicación de la fortaleza femenina y su propia psique. Calificado por André Bretón como surrealista, el arte de Frida es fiel reflejo de su personalidad, misma que la llevó a vivir con intensidad el gozo y el sufrimiento.

Es quizá esa forma tan suya de expresarse aún contra las normas sociales de su época, ese valor que muchos admiran y pocos imitan, lo que le da a Frida la condición de personaje excepcional, objeto de constante fascinación.

DURACIÓN: Del 31 de agosto al 30 de septiembre, 2007.
SALA: 6, 7, 8, 9, 10 y 11 / Planta alta.
NÚMERO DE OBRAS: Más de 50 piezas de la artista y más de 50 fotografías que le fueron tomadas a lo largo de su vida.
TÉCNICAS: Óleo, acuarela, carbón, lápiz y tinta sobre diversos soportes, además de fotografía.
MUSEOGRAFÍA: Jorge Contreras, curador de MARCO.


PRESENTACIÓN

Frida.

No hacen falta más palabras para saber que nos referimos a ella pues quizá otras lleven su nombre, pero ninguna ha logrado trascender en la memoria colectiva como esta artista-mujer.

Poseedora de una personalidad independiente, desafiante, tomó con pasión las penas y las alegrías que el destino le deparó, y plasmó sus experiencias en imágenes vibrantes y poderosas cuya contemplación podría sobrecoger a quienes no poseen su valentía.

La libertad con la que recorrió sus días, a veces trasgrediendo las normas sociales en busca de su propia expresión, le dieron el carácter de leyenda, una mujer que abandonó el rol de sumisión imperante en esos días y convivió de igual a igual con los grandes artistas e intelectuales de su época.

Rodeada por el intenso movimiento muralista y a pesar de su cercanía con uno de los grandes representantes de dicha corriente, Diego Rivera, Kahlo eligió la introspección como motivo de su arte.

Concebida, nacida y criada como cualquiera de nosotros, Frida también tuvo un cuerpo de carne y hueso con el que experimentó el placer y el dolor. La diferencia entre ella y los demás mortales es la manera en que afrontó las limitaciones de ese cuerpo fragmentado.

El interés que despierta su obra, cuyo mérito técnico es innegable, radica mayormente en su persona, por ello, en esta exposición se muestra no sólo su faceta artística sino también su lado humano.

Al lado de piezas clave en su quehacer artístico como La columna rota (1944), que abre la exposición, conviven fotografías de su infancia y juventud, retratos que le hicieran grandes fotógrafos contemporáneos así como imágenes casuales y cotidianas.

Junto a dibujos monocromos realizados a lápiz se encuentran óleos de vibrantes colores y trazos meticulosos, las escenas pasan de la pasividad cotidiana a intensas representaciones de sus torbellinos internos que poseen una carga de drama que a la vez es ternura y afecto.

Más lunas han pasado desde su partida que las que ella misma pudo contemplar, pero su obra y su vida siguen cautivando miradas y engrandeciendo el mito en todo el mundo.


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