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La exposición La danza de los espectros presenta uno de los artistas más importantes y a la vez menos conocidos del siglo pasado, Wolfgang Paalen (Viena, 1905 - Taxco. Gro. 1959). Energético creador; nómada intelectual; consecuente a los desarrollos científicos y estudioso de las culturas ancestrales; Paalen fue figura pilar en el desarrollo de las ideas teóricas acerca de la creación artística, mientras que su producción es evidencia de su desplazamiento ideológico y capacidad de experimentación.

Paalen alcanzó gran reconocimiento como miembro del grupo surrealista de André Breton en París. Es acreditado por inventar el fumage, técnica de pintura basada en marcar con humo de velas y lámparas el bastidor, y de esta manera captar el momento energético del acto pictórico, fuera de la conciencia e intención del artista. El “éxito” representaba, para él, un espejo de imágenes falsas, carentes de destino; lo que realmente le interesaba era el estudio de las fuerzas vitales del individuo.

Para Wolgang la realidad era una suerte de pantalla o filtro, lo que lo llevó a intentar conciliar con sus imágenes internas. Quería experimentar su fuerza vital, como creadora del mundo, y así explicar el acto artístico. “El individuo como creador del mundo, en vez del individuo que lo asume o transforma” (Eva Wilson, Espacios Implícitos, 2007). Paalen era consciente de que nuevos principios de pensamiento generan una nueva forma de hacer arte.

Paalen se deslindó de Breton y el grupo surrealista para formar la revista Dyn, la que sirvió como plataforma para el desarrollo y promulgación de sus ideas. Dyn viene del concepto aristotélico kata tú dynaton, lo que potencialmente “es”, o lo posible. Para Paalen, los avances de la física y la crisis de la modernidad, significaron la posibilidad de adentrarse en un universo “de lo imaginable”, y no sólo de las tres dimensiones del mundo visible. Criticaba los conceptos del materialismo, pues concebía las cosas que lo rodeaban como partículas en constante y salvaje movimiento, que le permitían adentrarse en ellas y atravesarlas en un nivel microfísco, y así visualizar como surgen los fenómenos. Pensaba la pintura como una mera resonancia de las apariciones internas, lo pensable y lo posible. La pintura no representa, sino que mira al espectador y lo cuestiona sobre lo que él representa. En su serie Les Cosmogones, Paalen consideraba que la pintura sólo se representa a sí misma, no narra ni declara nada, aparece y desaparece como una alucinación que ayuda a alinear al espectador hacia un evento esencial que sólo el espectador puede significar. Paalen prefiguraba lo posible, veía el potencial de “un nuevo orden de las cosas”, sin referencia a lo que ya “son”. Sus ideas fueron tema constante de conversación entre los grupos de artistas de Nueva York en los años 40-50, y ayudó a fundamentar la transición del surrealismo al expresionismo abstracto.



Sala de la exposición La danza de los espectros en MARCO,