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Con una técnica impecable, la pintura de Georgina Quintana (Ciudad de México, 1956) explora la relación de los seres humanos con el universo circundante. Con curiosidad y asombro, indaga y examina las formas orgánicas de la fauna y la flora, e inclusive del firmamento. Otra parte importante en su producción la ocupa el retrato. Las pinturas de Georgina son como su personalidad, suave, amable, sin estridencias ni agresiones; su simbolismo se reconoce fácilmente y su paleta se inclina por los colores ocres, verdes, azules, y aún sus rojos son sutiles.

Sobre Génesis, 1994, obra que se exhibe en Physis (Sala 5) y con la cual participó en el Premio MARCO 1994 -integrándose desde entonces a la Colección del Museo-, en 2004, Georgina Quintana comentó durante una entrevista:


“Sobre esta obra, recuerdo mi inquietud por pintar algo como el origen de la vida, ese era el motivo que me jalaba. Yo acababa de dar a luz a mi hija, acababa de hacer un viaje muy largo por India, por China y por Nepal y estaba en este estado de fascinación por la vida, como si empezara a ver la vida con los ojos de mi hija que acababa de nacer, como descubriendo el mundo una vez más después de una trasformación importante. Después de ese viaje, siguió la trasformación en mi vida de volverme mamá; era un cambio muy grande y recuerdo que el ánimo que me impulsaba era precisamente eso, la fascinación por la vida, ese misterio de cómo estos organismos unicelulares se fueron convirtiendo en las algas, luego en los peces y cómo la vida del mar se volvía terrestre; les salían patas a los animales y se arrastraban por los fangos y por la tierra. Todo eso me parecía, me parece de hecho, fascinante, pero en ese momento era algo muy fuerte todo ese misterio de la vida y, por otro lado, sentirme tan infantil al quererlo simplificar y querer hacer versiones; es decir, es un tema con el cual te sientes que estás jugando a las muñecas, porque yo qué puedo decir del origen de la vida. Entonces me asomaba a Darwin, me asomaba a los libros científicos, pero era como siempre volver a esas formas y a esa sensación de misterio y de maravilla, donde lo que se te ocurre puede ser una versión infantil. Es ridículo, pero hacía lo que podía y me emocionaba hacer distintas versiones e incluir, por ejemplo, los cinco elementos”.

Georgina Quintana, Génesis, 1994 / Óleo sobre madera 122 x 160 cm. Colección MARCO