El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey se complace en presentar Cine Mexicano. El Imaginario, una exposición que ofrece un acercamiento al séptimo arte, con imágenes que forman parte de la memoria individual y colectiva nacional e incluso más allá de nuestras fronteras.

La muestra generada por MARCO, donde lo mismo se podrán ver extractos de inolvidables películas hasta carteles que evocan las épocas de gloria de la industria del celuloide en el País, no sólo será un territorio para la nostalgia sino también un foro donde se verán lenguajes de vanguardia, inspirados en el cine, a partir de las obras de Lilia Pérez., artista digital, y Daniel Lara, creador radicado en Monterrey y uno de los más destadados exponentes del arte sonoro en México.

La música, que en sus diversos estilos y géneros se ha impregnado en las producciones nacionales, también está presente. Mariachi, bolero, mambo, rumba, danzón, cha-cha-chá y rock and roll, entre otros, son algunos de los ritmos que han acompañado al cine mexicano a través de su historia.

También habrá un pasaje de Bellas y Galanes, que permite explorar los rostros que la pantalla grande ha inmortalizado como Miroslava Stern, Fanny Cano, Elsa Aguirre, Tere Velázquez, Lilia Prado, Maricruz Olivier y Helena Rojo, entre otras, al igual que Julio Alemán, Damián Alcázar, René Cardona, Eduardo Palomo y Alberto Vázquez, por mencionar algunos.

El recorrido inicia con los orígenes del cine en México, con imágenes de cintas como La Tigresa (1917), Alma de Sacrificio (1917), Tabaré (1918) y El Automóvil Gris (1919), así como foto fija de las emblemáticas Santa (1931), protagonizada por Lupita Tovar, y La Mujer del Puerto (1933), con Andrea Palma como protagonista.

A partir de ahí se abordan temas como Cabaret y Ficheras, Salón México, Indígenas, Historia y Literatura Universal, Historia de México, Revolución, Zapata y Villa, Divas del Cine Mudo, Alta Sociedad, Gay, Parejas, Familia, Barrio, Identidad Nacional, Allá en el Rancho Grande, Drama Social, Sensualidad Femenina, Jóvenes, Santo y Blue Demon, Cine Negro, Cárcel, Criminales, Ídolos, Humor, Vampiros, Dos Monjes, Onírico, Monstruos, Héroes y Paisaje.

Lugar aparte merecen íconos como Jorge Negrete, Pedro Infante, Dolores del Río, María Félix, Pedro Armendáriz y los directores de cine Luis Buñuel y Gabriel Figueroa.

Además, el espectador tendrá oportunidad de introducirse literalmente a la pantalla grande a través de una instalación interactiva que, a base de un juego de fotografías y espejos, le permitirá aparecer junto a las grandes figuras del cine nacional.

La exposición se ha alimentado de los archivos Argumedo, Espinosa, Figueroa, Félix, Alameda, Agrasánchez, Televisa, López Castro, Montalvo, IMCINE, PECIME, UNAM, CLASA FILMS, Archivo General de la Nación y la Cineteca Nacional.

Cine Mexicano. El Imaginario es un espacio para la memoria y las emociones, con luminarias que han ido más allá de su época, pero también para la reflexión sobre una industria de legendaria tradición en México.

DURACIÓN: Del 22 de septiembre, 2006 de mayo a enero, 2007.
SALAS: 1, 2, 3 y 4 / Planta baja.
NÚMERO DE OBRAS: Alrededor de 228 piezas con 397 fotografías, 14 carteles grandes y 5O carteles pequeños, 6O clips de películas, proyección de secuencias musicales, pieza sonora de Daniel Lara, pieza en video de Lilia Pérez, así como una instalación interactiva.
TÉCNICAS: Fotografía, obra gráfica, video, arte sonoro y videoarte.
CURADURÍA: Jorge Alberto Lozoya, con la colaboración de Fernando Ondarza.
MUSEOGRAFÍA: Fernando Ondarza.
CATÁLOGO: Contiene textos de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Guillermo del Toro y Emilio García Riera, entre otros.


PRESENTACIÓN

Ver fotogramas en un museo es un rito estético. El congelamiento inesperado y arbitrario de la imagen es la ofrenda que los muros del recinto entregan al visitante, quien debe atreverse a explorar las interpretaciones que su subjetividad se proponga.

Con esta propuesta el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey abre las puertas a la exposición Cine Mexicano. El Imaginario, un espacio que revela el patrimonio cinematográfico a través de sus películas, directores y protagonistas, mismos que han logrado rebasar las barreras del tiempo para ocupar su lugar en la memoria individual y colectiva de los mexicanos.

La muestra, instalada en las Salas 1 a la 4 de la planta baja del Museo, está integrada en su mayoría por fotografías, clips de películas y carteles, con un apartado dedicado a la música que en sus diferentes géneros ha acompañado a la industria del celuloide nacional.

También comprende obras de los artistas contemporáneos Lilia Pérez, quien presenta una instalación de video que se refiere al tren como una constante en el cine mexicano, y Daniel Lara, autor de una pieza sonora que bajo el título de Llamando a Santo recrea sonidos, voces y música de las películas del célebre luchador, también llamado El Enmascarado de Plata.

Una instalación interactiva, que permitirá al visitante compartir escena con grandes figuras del cine, gracias a la tecnología, es otro de los elementos que conforman el atractivo de esta exhibición, que bajo la curaduría de Jorge Alberto Lozoya va de los primeros pasos del cine mexicano hasta las producciones de nuestros días: de Andrea Palma en La Mujer del Puerto a Salma Hayek en el Callejón de los Milagros, por poner un ejemplo.

Con un enfoque temático, la exposición va acompañada de textos en los muros que ilustran al espectador sobre algunas de las más de 200 películas que han dejado huella en la también llamada fábrica de sueños.

Orígenes del cine, Humor, Familia, Barrio, Drama social, Indígenas, Paisaje, Identidad Nacional, Parejas, Cabaret, Cine Negro, Santo y Blue Demon, Cárcel, Alta Sociedad, Historia de México y Sensualidad Femenina son algunos de los temas que integran esta muestra.

Directores como Luis Buñuel, Juan Orol, Juan Bustillo Oro, Alejandro Galindo, Ismael Rodríguez, Emilio Fernández, Jaime Humberto Hermosillo y Arturo Ripstein, entre otros, están dentro de la exposición con sus realizaciones.

¡Ay, qué Tiempos Señor Don Simón!, Cilantro y Perejil, El Automóvil Gris, El Bulto, Danzón, El Callejón de los Milagros, El Gallo de Oro, El Esqueleto de la Señora Morales, El Santo contra los Zombies, El Proceso de las Señoritas Vivanco, Fando y Lis, Ensayo de un Crimen, La Mujer del Puerto, Las Poquianchis, La Invención de Cronos, La Valentina, La Pasión según Berenice y Pepe El Toro son algunas de las películas que forman parte de la muestra.

También ocupa un sitio especial el cartel artístico, que ha jugado un papel importante en la imagen del cine mexicano y que tuvo entre sus más importantes autores a los inmigrantes españoles José y Juanino Renal, Francisco Rivero Gil y José Espert, quienes de la mano de los mexicanos Ernesto García Cabral, Antonio Vega, Leopoldo Mendoza y Carlos de la Vega, desarrollaron técnicas sumamente expresivas. En el diseño contemporáneo, de igual manera, destacan Rafael López Castro y Germán Montalvo.

Las imágenes del cine mexicano son un rico manantial que predice la evolución de la sensibilidad de nuestra gente y expone la búsqueda de alternativas a la vida social y a los anhelos individuales, acordes con el proceso de consolidación de la identidad nacional.

La presentación de imágenes que aquí se despliega no consiste en mera alteración de los propósitos de los realizadores de películas. Más bien plantea un reto a las estructuras lineales de pensamiento. Aspira a observar con nuevos ojos e incentivar que la creativdad de cada quien produzca opciones para su propia satisfacción.


LA AEROGRAFÍA VOLÁTIL DEL CARTEL DE CINE MEXICANO
Texto de Germán Montalvo que acompaña al catálogo.

José Renau afirmó que un cartel es un grito pegado a la pared. Y un grito estridente lo oye todo el mundo, quiera o no quiera. Por lo cual el cartel artístico es la más popular de todas las artes y el más genuino arte de masas. Si se quisiera armar una historia para hacer una película con las imágenes de los rostros de los protagonistas que aparecen en los carteles de la época de oro del cine mexicano, el tono del glamour sería exacto y el conjunto de figuras que complementan estas soluciones narrativas nos ofrecerían la posibilidad de ajustar perfectamente más de una historia.

El dibujo realista del trazo de aquellos carteles permitiría que no hubiese alteraciones entre una fotografía de estudio y la colorida solución gráfica cuidadosa en exceso del detalle anatómico. Estos carteles arriesgaban poco en el terreno de lo conceptual. La época de oro del cine mexicano tiene un cómplice llamado pincel de aire. El aerógrafo fue el instrumento preciso que delineó de forma aguda los rostros de aquel conjunto de estrellas.

Hay una gran cantidad de carteles realizados en esa técnica, antecesora del hiperrealismo. Allá en el rancho grande con Jorge Negrete (1948, dirigida por Fernando de Fuentes), Dicen que soy mujeriego actuada por Pedro Infante y Sara García (1948, dirigida por Roberto Rodríguez) son de una solución soberbia que acentúa el relieve de la técnica. Esta fórmula gráfica del cartel cinematográfico fue toda una época de la ilustración: irónicamente por un lado, los carteles a todo color y por el otro lado las películas en blanco y negro.

Para esos años en la cinematografía mundial el color sólo lo tenían los carteles de cine, quizá porque nos gustaba más la vida en blanco y negro, si es que entendemos al cine como un espejo de la realidad. Los rostros de María Félix, Dolores del Río y Silvia Pinal (emblemática belleza que aún prevalece) fueron al igual que Cantinflas prototipo de una narrativa visual al servicio de aquel star system.

El mejor co-protagonista que tuvo el cine de aquéllos años fue la virtud artística de su propio cartel, que tenía un efecto de gran penetración en la sociedad como imagen publicitaria. La televisión no existía. Estas imágenes eran la “pantalla chica” de aquel entonces, por eso cumplían con un necesario relieve narrativo que era capaz de mostrar el melodrama, la tragedia, el humor o la historia rural de hombres a caballo de aquel México post-revolucionario. Esos carteles estuvieron llenos de sombreros de charro, pistolas, bigotes y patillas. Fue la técnica del aerógrafo la que dio estilo a la gráfica del cartel de cine, en el que se privilegiaba el rostro de los actores para fines de taquilla.

En los años sesenta, apareció la fotografía como forma útil en la gráfica cinematográfica. Comenzaba entonces a incluirse la palabra “diseño” en las soluciones que antes tenían la etiqueta de “dibujo comercial” o “publicitario”. El proceso del cambio no fue fácil. La extraordinaria calidad de los carteles realizados entre otros por el diseñador valenciano José Renau había creado uno de los mejores momentos de las artes visuales del siglo 20. Su talento era una loza para las nuevas generaciones.

En los años setenta, otra técnica surtía efecto y caracterizaba la gráfica del momento. El alto contraste acentuaba y daba nitidez a las imágenes, substituyendo al aerógrafo. Esta solución fue fiel a su época de movimientos políticos y estandarte de la gráfica de izquierda. Para entonces, una nueva generación de cineastas, entre los que destaca Felipe Cazals, aparecía con películas como Canoa (1975). Esta película y su cartel realizado por Rafael López Castro, diseñador gráfico mexicano experto en iconografía religiosa, son de una valentía digna de tomarse en cuenta. Aquí la gráfica ya no estaba al servicio del star system como en la época de oro. Este cartel era un trasgresor inteligente que denunciaba a través de la imagen de San Miguel Arcángel hechos violentos sucedidos en la población llamada Canoa, en la región de Puebla.

No me cabe la menor duda que este cartel metió en la modernidad al diseño gráfico que se hace en México. La propia producción de la película, con un estilo llamado en aquel entonces cine de arte o cine independiente, debía tener como cartel promocional una gráfica de denuncia. Por primera vez y de manera consciente, a pesar de las reacciones negativas que pudiera provocar la utilización de una imagen tan popular en la religión católica, esta estampa sirvió para crear uno de los carteles más significativos de ese momento del cine mexicano. A Rafael López Castro se le atribuye haber provocado la celebración de una misa por el cura de aquella población exclusivamente en contra de la imagen del cartel.

A partir de la década de los años ochenta Manuel Barbachano Ponce, uno de los productores de cine más importantes en la historia de la cinematografía mexicana, le apuesta a la estética del diseño contemporáneo y convoca a Vicente Rojo para crear carteles desde una concepción basada en el relato de las películas y no sujeta al rostro de los actores. De ese período son María de mi corazón (1980) y La tarea (1991) ambas de Jaime Humberto Hermosillo. Inusitadamente para el estilo de carteles de películas comerciales que producía Televicine, destaca la libertad de realización del cartel de Mujeres insumisas (1994) dirigida por Alberto Isaac. Ésta por cierto, fue su última cinta.

A partir de estas experiencias pioneras, una nueva generación de diseñadores de formación universitaria o autodidacta y con una excelente educación visual ofrecen propuestas sustentadas en lo que hoy en el terreno del diseño se conoce como el concepto.


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