Ventanas a un mundo fantástico se abrirán en las salas del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, en la exposición Arte nuevo: El aporte de María Izquierdo.

En la muestra, que se presentó previamente en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la Ciudad de México y en el Instituto Cultural Cabañas de Guadalajara, Jalisco, se rinde homenaje a esta gran pintora, que logró fusionar las tradiciones nacionales con las tendencias del arte europeo de su tiempo.

Y a esto se refiere la presente exposición, a la contribución de María Izquierdo, primera mujer mexicana en exponer su obra en Estados Unidos, a lo que se llamó ‘arte nuevo’: la incorporación de lo mexicano dentro de los experimentos estéticos del arte universal, movimiento del que participaron grandes artistas como Agustín Lazo, Carlos Orozco y Rufino Tamayo.

Para su exhibición en MARCO, a las más de 40 piezas provenientes en su

mayoría de la colección Blaisten, se integran tres obras que no estuvieron presentes en las sedes anteriores. Éstas son Ofrenda de Viernes de Dolores (1943), Autorretrato (1940) y Sueño y presentimiento (1947).

María Izquierdo, cuya obra fuera declarada Monumento Artístico de la Nación por el INBA en 2002, fue pionera en un mundo dominado por muralistas, todos ellos hombres, pero no se limitó a los temas femeninos.

Esto se verá reflejado en los ejes temáticos de la exposición: Obra temprana, México en las carpas, Escenas de la vida rural, Una carrera en auge y Tendencias surrealistas, en las que se adentró gracias a la influencia del poeta Antonin Artaud.

Arte nuevo: El aporte de María Izquierdo, es una exposición indispensable para quienes busquen presenciar una obra que, más allá de resaltar el nacionalismo, exalta el placer de plasmar la vida de manera estética.

DURACIÓN: Del 3 de octubre, 2008 a enero, 2009.
SALA: 5 / Planta baja.
NÚMERO DE OBRAS: 48 piezas.
TÉCNICAS: Óleo sobre tela, celotex y masonite; acuarela, gouache y temple sobre papel.


PRESENTACIÓN


Las primeras décadas del siglo XX fueron clave para el arte y los artistas mexicanos. Por primera vez sus nombres se escuchaban más allá de las fronteras de este país, en gran medida gracias al trabajo de los nacionalistas, que se esforzaron por mostrar al mundo la riqueza de nuestras tradiciones, costumbres y luchas.

Por mucho tiempo la tarea fue acaparada por hombres pero, conforme la situación política y social se fue estabilizando, las mujeres empezaron a hacer notar su presencia en todos los ámbitos, incluido el arte.

Una de esas primeras voces fue María Izquierdo, quien en su obra temprana no sólo capturó las escenas de su vida personal, sino que, al agregar elementos como un teléfono o una cámara fotográfica, dejó también testimonio de la modernización de México en la década de los 30.

Con el aplomo de quien sabe lo que busca, Izquierdo no realizaba bocetos sino que se volcaba directamente al lienzo con su paleta de colores vibrantes y trazo decidido.

Así captó posteriormente el universo circense al que conocía profundamente, un mundo paralelo, a veces sórdido, ajeno a las normas convencionales de la época, que ofrecía a la gente “normal” un escape de la rutina.

Otra vertiente que abordó con igual maestría fue la de la vida rural, en apariencia sencilla, pero cargada de elementos sumamente humanos como el luto, la sumisión ante las convenciones sociales, el orgullo por el trabajo y las tradiciones.

Pero sin duda una de las coyunturas más determinantes en su obra ocurrió al encuentro con las teorías del surrealismo, que conoció gracias al círculo de escritores asociados con la revista Contemporáneos, a lo cual se sumó su amistad con el poeta surrealista Antonin Artaud.

De esta época se desprenden obras con un alto contenido onírico, esotérico, un misticismo con el que lo mismo se refirió a la explotación femenina que a la guerra y el fascismo, que afectaba a múltiples países en aquellos años.

Pero cabe destacar que María Izquierdo, a pesar de abordar temas dignos de reflexión política, huyó siempre de los símbolos explícitos y didácticos, de la misma manera que rechazó las “manchas espontáneas” de pintores que practicaban el automatismo.

Durante sus últimas dos décadas, Izquierdo realizó obras de mayor formato que los de años anteriores, en las que es palpable la solidez y confianza que había logrado en su oficio; en estos cuadros plasmó a sus mejores amigas, naturalezas muertas, paisajes oníricos y escenas inspiradas en un viaje a Sudamérica.

En suma, Arte nuevo: El aporte de María Izquierdo, mostrará al espectador el camino seguido por esta extraordinaria artista, quien logró trazo a trazo una perfecta fusión de las vanguardias con las tradiciones, de lo nacional con lo internacional, hasta dar a su obra y al arte de México un lugar relevante a nivel mundial.


ARTE NUEVO: EL APORTE DE MARÍA IZQUIERDO

Texto introductorio de Adriana Zavala, curadora de la muestra y profesora asociada del Departamento de Arte e Historia del Arte de la Universidad Tufts de Medford, Massachusetts.


Desde los años 80, la pintora María Izquierdo ha sido reconocida como una de las figuras más destacadas de la llamada Escuela Mexicana. Su obra ha sido objeto de numerosas exposiciones retrospectivas tanto en México como en el extranjero. Sus temas y su estilo sencillo y directo evidencian el redescubrimiento de "lo propio" que caracterizó al arte mexicano de las décadas posrevolucionarias. Así, su pintura ha sido analizada como una modalidad del arte moderno mexicano de los años 20 a 40 en la cual la mayoría de los artistas, desde Jean Charlot hasta Diego Rivera, crearon obras que reflejan una reevaluación de la cultura popular y de la vida cotidiana del México rural.

Sin embargo, como lo demuestran las obras de la Colección Blaisten, la historia de la pintura mexicana del siglo XX fue mucho más compleja. Esta muestra propone revelar el aporte de María Izquierdo en la formación de lo que se llamaba en la época el “arte nuevo”, que se caracterizó por enfocarse tanto en experimentos estéticos del arte universal, como en temas característicamente mexicanos.

Las obras de María Izquierdo proponen un complicado diálogo con el arte moderno europeo de su tiempo. Esto fue extraordinario ya que no tenía una extensa educación artística y, además, era mujer. De hecho, en la primera mitad del siglo XX, no había más de una media docena de mujeres artistas en México. Sin embargo, Izquierdo no se limitó a temas femeninos. Por el contrario, logró inscribir su obra en las vanguardias de su época, al lado de Agustín Lazo, Carlos Orozco Romero o Rufino Tamayo.


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