En ocasión de su 10 aniversario, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey continúa presentando el magno proyecto Siglo XX: Grandes Maestros Mexicanos, una amplia revisión de la pintura mexicana más significativa del siglo XX, a través de cuatro exposiciones consecutivas. Toca ahora el turno a la tercera de estas muestras, consagrada al periodo de los años 50 a los 70, y que lleva por título Los espacios inconformes.

En su totalidad este gran proyecto mostrará más de 500 obras selectas del patrimonio artístico de la Nación, provenientes de importantes colecciones públicas y privadas. Siglo XX: Grandes Maestros Mexicanos abrió sus puertas en diciembre de 2001 ofreciendo la primera muestra de la serie, que llevó el título de Batallas al amanecer: Los primeros años. La segunda muestra, inaugurada en julio de 2002 con el título de País de realidad y sueño, culmina en enero de 2003. Cada una de estas exposiciones obtuvo una excelente respuesta del público que, a la fecha, asciende a más de 155 mil visitantes.


1. Batallas al amanecer: Los primeros años (diciembre 2001 a mayo 2002): incluyó las tendencias que conformaron los inicios del arte moderno mexicano en el contexto de la Revolución.
2. País de realidad y sueño (julio 2002 a enero del 2003): cubrió la fase de la Posrevolución y el arranque del periodo de Desarrollo.
3. Los espacios inconformes (enero 2003): da cuenta de la época en que el arte mexicano se abrió a la experimentación de una gran diversidad de tendencias internacionales, en respuesta frontal al predominio del Muralismo como arte oficial.
4. Prodigios de fin de siglo: recapitulará las diversas exploraciones que suscitaron, en el contexto mexicano, la crisis de la pintura, las discusiones sobre el fin de las vanguardias, el fin de la modernidad, y el fin del milenio.

DURACIÓN: De enero a junio, 2003.
CURADURÍA Y MUSEOGRAFÍA: Guillermo Sepúlveda.
CATÁLOGOS: MARCO editó dos catálogos monumentales para documentar las 4 muestras. La coordinación de los textos de dichos catálogos ha estado a cargo del crítico de arte Jaime Moreno Villarreal; y en el primer volumen han colaborado como ensayistas distinguidos escritores, historiadores e investigadores, tales como Carlos Monsiváis, Fausto Ramírez, Luis Martín Lozano, y el mismo Moreno Villarreal. Mientras que en el segundo tomo de la serie está contemplada la participación de otra serie de destacados autores como Elena Poniatowska, entre otros. El cuidado de las ediciones y la traducción al inglés es responsabilidad de Jeff Pavelka.
AGRADECIMIENTOS: MARCO reconoce el valioso respaldo de CEMEX en la cristalización de este sueño y la invaluable colaboración del Consejo Honorario de la exposición Siglo XX: Grandes Maestros Mexicanos; y agradece a todos los coleccionistas, tanto instituciones públicas como particulares, que cedieron en préstamo sus obras para hacer posible esta serie de exposiciones:
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, Coordinación Nacional de Artes Plásticas, Centro Nacional de Conservación y Restauración del Patrimonio Artístico Mueble, Galería Pecanins, Femsa, Galería Juan Martín, Museo Amparo, Museo de Arte Moderno, Instituto Mexiquense de Cultura Estado de México, Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, Museo José Luis Cuevas, Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo, Museo Nacional de Arte, Museo Francisco Goitia, Museo de Arte Moderno, Museo Carrillo Gil, Galería de Arte Mexicano, Galería Arvil, y a todos y cada uno de los coleccionistas particulares.


LOS ESPACIOS INCONFORMES
Por Jaime Moreno Villarreal / Crítico de arte

Al término de la Segunda Guerra Mundial, México se encaminó a una etapa de desarrollo y modernización que, a lo largo de varios sexenios, consolidó su liderazgo entre las naciones de América Latina, como modelo cultural y socio estratégico de los Estados Unidos de América. El Continente se asentaba como una gran zona de influencia norteamericana, cuya estabilidad política garantizaría un frente dentro de la nueva bipolaridad mundial, repartida ahora entre países capitalistas y comunistas. Mientras tanto, Nueva York había arrebatado a París la condición de capital del mundo del arte.

A lo largo de las décadas de los 50 y 60 muchos jóvenes pintores mexicanos, guiados por el ejemplo de Rufino Tamayo y Juan Soriano, así como por la presencia en el País de notables artistas exiliados europeos, promovieron un cuestionamiento profundo del nacionalismo en el arte, que corrió parejo a una nueva apertura hacia las corrientes internacionales. Se adoptaron muy variadas "tendencias": el Neoexpresionismo, el Nuevo Humanismo, el Informalismo, el Abstraccionismo Geométrico, entre otras, variedades que suponían el acceso a una legitimidad universal que esos jóvenes artistas no hallaban en su patria. Pronto establecieron una batalla de muchos frentes para lograr el acceso a los recintos oficiales.

A fines de los 50, la lucha se enderezó particularmente contra el Muralismo y la llamada Escuela Mexicana de Pintura. Vigorosas polémicas mantenidas en los diarios y suplementos culturales tuvieron como protagonistas a José Luis Cuevas, David Alfaro Siqueiros, Carlos Monsiváis, Raquel Tibol, Carlos Fuentes y Fernando Benítez. Por fin, las instituciones oficiales -especialmente el INBA y el Museo de Arte Moderno- dieron cauce al arte emergente. La lucha no terminó allí. A lo largo de los 60, hubo numerosos enfrentamientos entre grupos e individualidades, especialmente en el seno de un concurso promovido en 1965, el Salón Esso, y en el contexto de la exposición Confrontación 66, que le siguió. La inconformidad se enseñoreaba.

Un grupo de artistas reunidos en la Galería Juan Martín, entre quienes se contaban Manuel Felguérez, Vicente Rojo, Lilia Carrillo y Fernando García Ponce, descolló por su propuesta cohesiva, apuntalada por el escritor Juan García Ponce. Este grupo central recibiría más adelante el nombre de Generación de la Ruptura, término que subraya, por un lado, lo enconado de los antagonismos, y por el otro traduce el pensamiento de Octavio Paz quien, al discutir la modernidad mexicana, había definido a la tradición moderna como una "tradición de la ruptura".

La vida cultural del País, marcada por los afanes modernizadores de artistas, intelectuales, escritores y gente de teatro, se desarrolló durante los años 6O y 7O dentro de una atmósfera políticamente sofocada por el autoritarismo. El modelo de desarrollo del Estado mexicano había entrado en crisis. A la sostenida desigualdad social, al desarrollo inequitativo del campo y las ciudades, a las elevadas tasas de natalidad y los no abatidos índices de analfabetismo, correspondía una falta de democratización en la vida pública. El año medular en este proceso fue 1968.

Ese año, los pintores dieron la espalda a la Exposición Solar que el INBA y el comité organizador de los XX Juegos Olímpicos habían convocado, y en el contexto de la represión desatada en contra del movimiento estudiantil organizaron un Salón Independiente que se mantuvo a lo largo de tres ediciones. En 1971, una nueva represión estudiantil, el Jueves de Corpus, caló en la generación siguiente de artistas, que provenían de las escuelas de artes de todo el País. Ellos habrían de multiplicar, durante la década de los 7O, Los espacios inconformes.


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