El invento de la fotografía en la primera mitad del siglo pasado despertó el interés de los espíritus más avispados que, al tiempo que manifestaban su admiración por la maravilla técnica, se preguntaban por los usos que podría dársele, y se disponían a participar de la aventura. Muchos de los grandes fotógrafos del XIX fueron atraídos en un primer momento por un interés científico que, más adelante, se transformaría en dominio de un oficio y un arte.

Romualdo García es uno de esos espíritus precursores. El marco histórico que lo define es el porfiriato. El lugar donde se desarrolla es la ciudad de Guanajuato, que era por entonces una de las poblaciones más importantes del país tanto en lo político y económico como en lo cultural. La obra de Romualdo García queda como testimonio de la riqueza y diversidad de una sociedad que se aproximaba a su fin, y del papel que la nueva tecnología fotográfica desempeñaba en el momento de su ascenso: un papel relevante, como nos lo dan a entender la seriedad y la solemnidad con que los sujetos fotografiados por García se mandaron a hacer su retrato.


Espíritu investigador, entusiasmado por lo novedad científico, Romualdo García logrará una calidad técnica inusual para su época, que será fundamento de su exquisita habilidad para retratar a la gente del pueblo, lo mismo que lo consagrará como el fotógrafo más solicitado.

Al ofrecer la presente exposición del fotógrafo guanajuatense, MARCO obedece a un doble objetivo: por un lado, deseamos mostrar una obra que documenta extraordinariamente el pasaje histórico de una sociedad provincial mexicana en los umbrales de la Revolución, y por otro hemos querido presentar un paralelo idóneo o la obra de otro gran retratista guanajuatense, el pintor Hermenegildo Bustos.

Fotografía y pintura, dos medios diferentes que a la vuelto del siglo dan versiones de un hecho único en lo historio: el proceso de formación de la individualidad que acompaño a la sociedad moderna, donde todo sujeto entro en lo vida social exigiendo un reconocimiento a su actividad, a su personalidad, a su estatuto jurídico, a su ciudadanía; proceso que sobrelleva su contraparte, la ingente manifestación, la indiferencia y la opresión que borran lo caracterología individual. Dos estilos diferentes. El de García, que prefiere el retrato de cuerpo entero ante un decorado convencional, resaltando la proveniencia de clase y la profesión, y el de Bustos que centró su interés en el rostro irrepetible, rostro que está a punto de ser tocado por lo fotografía, que borrará toda ingenuidad, toda espontaneidad. Dos versiones de lo vida civil pero un sólo trasfondo, el de una sociedad ávida de conocer su propia imagen y de transmitirla al porvenir.

Montada así, la obra de Romualdo García en el espacio de MARCO propone un juego de espejos, de interrogaciones y de reconocimientos. Es luz que nos llega de otro tiempo y que alumbra lo que somos y la época en que vivimos. Las impresiones fotográficos que se exhiben en esta muestra son de reciente factura, elaborados a partir de los negativos originales en vidrio del fotógrafo guanajuatense. Los rostros de nuestros bisabuelos son aún los nuestros.

Lic. Fernando Treviño/Director General de MARCO.

DURACIÓN: De mayo a agosto, 1993.


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