El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) inauguró el 20 de febrero de 1997 la exposición más completa jamás dedicada a la carrera de Manuel Álvarez Bravo (nacido en 1902), maestro líder del arte moderno y único fotógrafo entre los grandes fotógrafos del siglo XX. Organizada por Susan Kismaric, curadora del departamento de fotografía de dicho museo, la exposición Manuel Álvarez Bravo examina la larga y productiva carrera del artista desde sus tempranos experimentos con la abstracción, hasta la formación de un estilo personal preocupado por los ritos y las costumbres mexicanas, pasando por la obra modernista inspirada por corrientes internacionales como el surrealismo.

El Museo de Arte Contemporáneo presenta ahora esta muestra, formada por 185 obras, 174 impresiones en plata gelatina, 4 impresiones en platino y 7 impresiones en color (revelado cromógeno). Se trata de una selección extraordinaria de impresiones de época pertenecientes a diversos museos, galerías y colecciones privadas, entre ellas se incluyen 86 obras del archivo personal del artista.

Esta exposición fue organizada bajo los auspicios del Consejo Internacional del MoMA y ha sido patrocinada por la generosa subvención de CEMEX, con apoyo adicional de la Fundación Cultural Mex-Am, S.A., y de Aeroméxico. El Museo de Arte Moderno de Nueva York reconoce y agradece ampliamente la ayuda prestada por la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Consulado General de México en Nueva York y el Instituto Cultural Mexicana de Nueva York.

Esta exposición fue organizada bajo los auspicios del Consejo Internacional del MoMA y ha sido patrocinada por la generosa subvención de CEMEX, con apoyo adicional de la Fundación Cultural Mex-Am, S.A., y de Aeroméxico. El Museo de Arte Moderno de Nueva York reconoce y agradece ampliamente la ayuda prestada por la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Consulado General de México en Nueva York y el Instituto Cultural Mexicana de Nueva York.

"Manuel Álvarez Bravo goza de fama internacional como uno de los fotógrafos más importantes de la historia", puntualiza Susan Kismaric. "Durante el periodo de entreguerras, se convierte en uno de los inventores del nuevo vocabulario de la fotografía moderna. Su grado de maestría impresiona más aún si consideramos que nunca vivió en uno de los centros de principal actividad fotográfica, como Nueva York o París. Álvarez Bravo dependió de la palabra escrita y las imágenes en revistas y libros, así como de las opiniones de contados talentos originales, para configurar su discurso artístico y apoyarse profesionalmente".

Resumiendo 70 años de grandes logros, desde la década de los 20 a los 90, las 185 fotografías de la muestra corresponden a todas las épocas de la carrera del artista, si bien destaca la importancia de la obra temprana desarrollada entre los años 20 y 40. La organización cronológica de la exposición acentúa ciertos elementos recurrentes en la obra del artista: su simpatía hacia las clases populares, un aire de misterio, sentido de lo que se esconde tras la realidad aparente y preocupación por la muerte.

En su carrera, Álvarez Bravo ha incorporado sutilmente dos ideologías opuestas: aquella de los muralistas mexicanos, con su énfasis en la revolución del pueblo y el arte indígena; y la del arte internacional que trasciende la cultura, el tiempo y el lugar específico y se orienta hacia la invención formal. "El genio de Álvarez Bravo radica en haber sido capaz de reconciliar estas actitudes artísticas divergentes", añade Susan Kismaric.

La exposición principia con los experimentos formales del artista respecto de la abstracción, correspondientes a los años 20. Sigue con una muestra de cómo Álvarez Bravo se unió a los más avanzados fotógrafos de Europa y Estados Unidos al rechazar el pictorialismo y apoyar, en cambio, un vigoroso modernismo basado en el principio de que las fotografías deben mantener su aspecto de fotografía y no convertirse en pinturas. El artista concibe un arte donde los temas -serpentinas de papel, un colchón enrollado, un grupo de cactos- se desnudan de toda complejidad, destilando sus formas esenciales y sus diseños geométricos.

Incluso en la obra de los años 20, donde Álvarez Bravo experimenta con la abstracción, ya se comienza a ver su interés por registrar y preservar aspectos de la cultura mexicana al fotografiar escenas donde la gente aparece ocupada en actividades cotidianas. Continuará haciendo esto durante toda su carrera, trabajando en el campo, en los pueblos, en la ciudad de México, y fotografiando desde funerales y altares católicos hasta los más diversos objetos de la cultura nacional. En la obra de Álvarez Bravo el entretejido continuo de gente, trabajo, paisaje, religión y muerte se hace evidente en fotografías como Entierro en Metepec, 1932; Día de todos muertos, 1933, y Obrero en huelga asesinado, 1934. Junto con obras como éstas, la exposición presenta también románticos paisajes poco conocidos que el artista realizó en los años 30 y 40 y que celebran su sentido del orgullo nacional.

Muchas de las obras en exhibición juegan con la idea de mirar y ver, mezclando la ironía con el homenaje al medio fotográfico en sí. Por ejemplo, en La hija de los danzantes, 1933, una muchacha se asoma a una misteriosa ventana circular que se abre en la pared; en Maniquíes riendo, 1930, una hilera de elegantes mujeres de cartón, riendo, miran al observador.

A finales de los años 20, Álvarez Bravo comienza a explotar el poder de la fotografía para transformar lo ordinario en fantástico; esto se convertirá en una señal de su obra. En Los agachados, 1934, el artista impone varias capas de misterio a una simple escena de hombres sentados en una fonda. Encuadrada la escena de tal manera que el espectador parece que está mirando dentro de
una caja, esta fotografía muestra a cinco hombres, con la parte superior de sus cuerpos oscurecida por una sombra, sentados en asientos encadenados entre sí, dando la impresión de que están cautivos. En Plática junto a la estatua, 1933, se presenta a un grupo de nombres hablando, aparentemente ajenos al sensual y monumental desnudo recostado junto a ellos.

Como muchos otros fotógrafos de los años 20 y 30, Álvarez Bravo aparece vinculado a los surrealistas. A pesar de no considerarse parte del movimiento, aceptó de forma entusiasta una invitación para crear la portada para el catálogo de la Exposición Internacional Surrealista de 1940, celebrada en la ciudad de México. En el catálogo apareció, en la portada y contraportada, la obra Sobre el invierno, 1939-1940, ya que la censura de la época no permitió mostrar La buena fama durmiendo, 1939, fotografía que representa a una mujer desnuda, tumbada al sol, con los tobillos, muslos y muñecas envueltos en vendas y enigmáticamente flanqueada por un grupo de pequeños cactos; ésta es una de las más celebradas imágenes de Álvarez Bravo.

A partir de los años 50 la fotografía de Álvarez Bravo evoluciona, a grandes rasgos, hacia una exploración renovada de sus temas tempranos. En los años 60, por ejemplo, se interesa por temas considerados previamente, aunque esta vez en color; mientras que en los 70 comienza a trabajar con copias, en platino, de antiguos negativos. La exposición también incluye varios ejemplos de una serie de desnudos femeninos comenzada en 1976, así como la obra titulada En un pequeño espacio número 1 de 1995, dedicada a estudiar la hiedra que crecía fuera de su casa.

Propósito original de la muestra

"Esta exposición es la culminación de la larga relación del Museo de Arte Moderno, de Nueva York con el artista", puntualiza Glenn D. Lowry, director del Museo. "Las fotografías de Álvarez Bravo entraron por primera vez en la colección (del Museo de Arte Moderno de Nueva York) en 1942, dos años después de la fundación del Departamento de Fotografía. En 1943, sus fotografías fueran incluidas en la exposición del MoMA: Masters of Photography, que viajó alrededor de Estados Unidos y Canadá durante cinco años. El artista ha estado representado en otras exposiciones del MoMA tan importantes como Twenty Centuries of Mexican Art (1940) y The Family of Man (1955).

En 1971 una pequeña retrospectiva de 60 fotografías fue expuesta en el Museo. Sin embargo, hasta la presente exposición, el MoMA no había hecho plena justicia al rango y profundidad de logros de este maestro".

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, se une al homenaje al maestro realizado por el MoMA y el Centro Cultural / Arte Contemporáneo y agradece al Consejo Internacional del Museo de Arte Moderno de Nueva York, así como a la curadora de la exposición, Susan Kismaric, la oportunidad y el apoyo recibido para poder presentar esta excelente retrospectiva en Monterrey.


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