MARCO presenta con gran beneplácito la exposición La forma y la memoria de la excepcional fotógrafa Graciela Iturbide, cuya obra se erige hoy como una de las aportaciones culminantes del arte fotográfico mexicano. Noventa y tres fotografías, realizadas entre 1969 y 1996, constituyen esta muestra de una artista que, partiendo de una mirada nutrida en la tierra nativa de paisajes y ciudades, de pueblos y barrios, de hombres y mujeres, emprende con vigor transparente un verdadero viaje interior sobre otras geografías y grupos humanos. Graciela Iturbide nos restituye la capacidad de sorprender, en todas las latitudes, el prisma de la multiplicidad de las sensaciones, de la inagotabilidad de lo posible.

DURACIÓN:De febrero a agosto, 1996.
NUMERO DE OBRAS: 93 fotografías en blanco y negro.
CURADURIA Y MUSEOGRAFIA: Miguel Cervantes.


PRESENTACION
Por Fernando Treviño. Director General de MARCO

La fotografía mexicana del siglo XX ha atraído, en el mundo, una atención que parece suscitada por un viaje de descubrimiento. Durante los últimos 100 años, la variedad geográfica y cultural de México -gran tópico de lo viajero del siglo pasado, pero también desafío de la unidad política del País y, en este siglo, de las contrariedades de su modernización -se ha ido vertiendo, mediante el uso de la cámara, en una exploración visual y estética en la que la preocupación por "lo mexicano" cedió pronto su sitio a descubrimientos más sustanciales: la diferencia étnica, social y geográfica, con su riqueza de contenidos, triunfa por sobre la identidad sin extinguirla.

Los fotógrafos mexicanos, "contemporáneos de todos los hombres" -como quiere el proverbio de la cultura moderna-, son viajeros por excelencia. A los notables aunque escasos acervos de fotografía de estudio que se conservan del Porfiriato, la Revolución sobrepuso una voluntad de registrar la vida en curso. Ese ímpetu no ha cesado. A lo largo del siglo, la fotografía ha venido documentando, pero también creando nuestra visión de nosotros mismos y del mundo.

MARCO presenta con gran beneplácito a la excepcional fotógrafa Graciela Iturbide, cuya obra se erige hoy como una de las aportaciones culminantes del arte fotográfico mexicano. Noventa y tres fotografías, realizadas entre 1969 y 1996, constituyen esta muestra de una artista que, partiendo de una mirada nutrida en la tierra nativa de paisajes y ciudades, de pueblos y barrios, de hombres y mujeres, emprende con vigor transparente un verdadero viaje interior sobre otras geografías y grupos humanos. Graciela Iturbide nos restituye la capacidad de sorprender, en todas las latitudes, el prisma de la multiplicidad de las sensaciones, de la inagotabilidad de lo posible.

Con "La forma y la memoria" MARCO refrenda su compromiso con el arte fotográfico, que ya antes ocupó un lugar eminente en sus salas con las exposiciones Romualdo García, México visto por ojos extranjeros y Photoplay. Extendemos en esta oportunidad a nuestros visitantes y amigos una propuesta estética espléndida, que es al mismo tiempo una invitación al viaje.


LA FORMA Y LA MEMORIA
Por Carlos Monsiváis (extractos del ensayo escrito para el catálogo)

En 1840, Samuel Morse defiende a las daguerrotipos: "no pueden llamarse copias de la naturaleza misma". Para Graciela Iturbide la fotografía es, siempre, un encuentro con esa otra naturaleza que va integrando la mirada, la naturaleza que nada excluye y en donde participan por ejemplo una serranía, un grupo callejero, un travesti en Juchitán, una anciana seri, la bicicleta con la cabeza de toro, la panadería con los esqueletos pintados en la vitrina, un maestro geómetra en Madagascar. Graciela no jerarquiza, no cree en "temas menores", le interesan por igual el detalle y el conjunto, el juego de sombras y la personalidad del general panameño Omar Torrijos.

Largo viaje de una definición estricta de naturaleza a otra en los linderos de la realidad virtual. Y la estrategia se hace posible gracias a una formación múltiple. Graciela ha visto pintura, teatro y, necesariamente, fotografía, y a su idea de composición (de enfoque/de encuadre) la animan diversas tradiciones culturales y fragmentos de las sucesivas etapas de la vanguardia. Hay ecos del surrealismo y de los abstraccionistas, de Edward Weston y de Alfred Stieglitz, del realismo documental y de la práctica etnográfica, de Paul Strand y de Margaret Bourke- White. No habla de influencias, sino de sedimentos, de cauces formativos que actúan a modo de revelaciones, lo que sucede siempre con los artistas de primer orden. Graciela ha pensado la fotografía de manera radical y sabe, digamos, que hay más en la trivialidad, en lo observado con indiferencia, en lo segregado, de lo que suele creerse y admitirse. Por eso no jerarquiza, para darle la oportunidad a las imágenes aún no tomadas y elaboradas.

El símbolo: apariciones y desapariciones

De nombrarse sólo una presencia (influjo, aprendizaje) en la obra de Graciela, el nombre a citar es Manuel Álvarez Bravo. Graciela trabajó con don Manuel, ha observado su obra, y sin imitarlo ni citarlo a hurtadillas, es demasiado creativa como para eso, desprende de ese trato la gran lección: si la imagen es lo suficientemente elocuente, será tarea de otros el volverla simbólica. Creo que no únicamente gracias a don Manuel, pero muy fundamentalmente con el estudio de su obra, Graciela inició su estrategia en materia de símbolos, que jamás produce deliberadamente pero cuya posibilidad nunca elimina por completo"...

El principio moral del retrato

Graciela se ciñe a la tesis del clásico Nadar: "Lo que menos se entiende es la inteligencia moral de tu sujeto fotográfico, el tacto rápido que te pone en comunicación con tu modelo". Graciela está al tanto de la inteligencia moral de sus retratados, que ubica en el uso del cuerpo, en el desdén o el amor por lo escenográfico, en la rigidez o el desenfado que exhiben, en su presteza o en su tardanza para entenderse con el fotógrafo...

...Graciela aceptaría la sentencia del ensayista norteamericano Harold Rosenberg: "El principio moral del retrato fotográfico es el respeto por la identidad del sujeto". Ella cumple con estas reglas. Le sería práctico y muchas veces conveniente jugar con la luz, que "convierte a una modelo en madona renacentista", o subrayar lo secundario, por medio de la utilería fotográfica. En vez de esto, prefiere la sobriedad. El narrador Gabriel García Márquez deposita sus manos sobre la ventana cerrada (p.116), y Graciela ubica allí el centro de la foto, las manos como la expresividad complementaria...

El carnaval del mundo

Graciela viaja y se apropia del mundo ancho, y en La Habana, Lima, Quito, Panamá, París, Alemania, Moscú, Argentina, Tokio, Estocolmo, Madagascar, España, perfecciona sus visiones. No hace falta decirlo: en este fin de siglo lo planetario tiende a unificarse, y lo peculiar depende con gran frecuencia de lo inesperado...

...Entre las diversas atmósferas que atraen a Graciela, una recurrente es la del carnaval, los días de permiso de las sociedades con vocación licenciosa. Graciela localiza el carnaval donde ocurre explícitamente, y allí donde se filtra pese a todo. Lo carnavalesco: las confusiones entre máscara y rostro, entre baile y desfile litúrgico, entre pérdida de los sentidos y adquisición del humor...

¿ Y qué es poesía? ¿ Y tú, qué ves estas fotos, me lo preguntas?

Graciela se ocupa de lo que de modo contínuo se desvanece (Cartier-Bresson), y de lo que en principio puede ser tema lírico. Pero no hallo en su obra la "foto-poesía" que Diego Rivera y Xavier Villaurrutia le adjudicaron a Manuel Álvarez Bravo...

...A Graciela Iturbide ya no le tocó la atmósfera cultural donde lo poético era central. Hoy para un fotógrafo, la poesía es uno más, muy determinante pero uno más, de los componentes de la realidad múltiple y caótica, sitio también de confluencia de la pintura en sus infinitas expresiones, del cine, la televisión, el teatro, la fotografía misma, el ciberespacio. Graciela mantiene su fidelidad a lo poético, pero no lo busca con afán ortodoxo...

El sitio de unión de los tiempos históricos

Lo ancestral y lo moderno. Sin prejuicio alguno, Graciela se aproxima a los grupos social, cultural o económicamente marginales, porque trabaja con imágenes, el espacio de la igualdad y las nivelaciones. En este orden de cosas, me resulta notable el conjunto de su trabajo sobre el universo indígena, en particular sobre Juchitán, en Oaxaca, donde ni intenta la aproximación "al misterio", ni busca traducir lo impenetrable. Los indígenas de las fotos de Graciela están más que acostumbrados a las cámaras, pero es tan usual considerar a lo indígena como "lo otro", que la "extrañeza" es añadido del lector de las fotos...

...Una de las fotos más difundidas de Graciela es Mujer ángel (p.16). Una seri del desierto de Sonora va por la serranía con su radio en la mano. La escena posee una soledad radical, y al mismo tiempo es profundamente contemporánea. La seri se defiende del aislamiento con la tecnología a su alcance, y la tecnología hace las veces de las alas...

Los niños de Graciela

En la obra de Graciela los niños constituyen una línea descriptiva y narrativa y, por lo común, ofrecen algo más que la inocencia, un concepto tan difícil de situar por tan sacralizado. En los niños de Graciela, y allí se entreveran su sabiduría fotográfica y su emoción vital, actúan la inocencia, la continuidad de la especie, el gozo cómplice con la risa (se ríen para encontrarse con la risa que es el método del descubrimiento) y, también, la tragedia...

...Graciela Iturbide, fotógrafa admirable, viaja con su cámara, el instrumento que deshace barreras morales, inhibiciones personales y sociales, confianzas y desconfianzas. Como Brassaï, cree en la importancia extrema de la forma, no sólo en asuntos de creación artística sino porque únicamente a través de la forma logra la imagen incorporarse a nuestra memoria. Y allí, en la memoria, esta obra reverbera y crece".,


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