El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey presenta 155 obras del pintor mexicano Hermenegildo Bustos.

DURACIÓN: De mayo a agosto, 1993.
NÚMERO DE OBRAS: 155.
CURADURÍA Y MUSEOGRAFÍA: Miguel Cervantes.


YO, PINTOR, INDIO DE ESTE PUEBLO
Extractos del ensayo del poeta mexicano Octavio Paz, sobre la obra de Hermenegildo Bustos.

"Bustos no es ni el heredero ni el iniciador de un movimiento pictórico: con él comienza su arte y con él acaba. Sin embargo, la pintura de Bustos -al mismo tiempo profundamente tradicional e intensamente personal- se inserta en la gran tradición del retrato y dentro de esa tradición, ocupa un lugar único".

"Desde la perspectiva de la historia del arte, la pintura de Bustos me parece inexplicable. Al mismo tiempo, es una realidad visible y que tuvo un origen no milagroso sino cotidiano: un hombre que se llamó Hermenegildo Bustos y del que conocemos no sólo un puñado de fechas y de anécdotas sino su retrato pintado por él mismo y que es una de sus obras maestras. ¿No es bastante?.."

"La actividad de Bustos se desplegaba en tres direcciones: cuadros y murales con asuntos religiosos, exvotos y retratos. Por las tres actividades recibía modestas remuneraciones yen este sentido era un pintor profesional, aunque él siempre insistió -¿humildad o desafío?- en llamarse aficionado.

No se conservan muchos ejemplos de su pintura religiosa... en esos años la Iglesia ya había dejado de ser la gran protectora de las artes".

"La sensibilidad de Bustos era ajena a cualquier expresionismo. ...AI pintar, Bustos seguía el trazo mental de sus dibujos: su mano pintaba, su memoria dibujaba. De ahí la necesidad de los apuntes previos. En fin, cualquiera. que haya sido su método, lo cierto es que los óleos de Bustos revelan a un extraordinario dibujante. Como los huesos, que recubiertos por los músculos y la piel, Forman y conforman una Fisonomía, su dibujo sostiene a los pigmentos ya las manchas. Es una arquitectura invisible".

"Bustos pinta a la perfección lo más complejo, difícil y misterioso: el rostro humano, pero no acierta con un cuerpo, con una arboleda o con tres libros, un vaso y una lámpara sobre una mesa. Esto explica los estrictos límites que se impuso y que son los de sus talentos y limitaciones. Eliminó los Fondos, no pintó interiores ni escenas y redujo sus modelos a lo esencial: el rostro".

"Retrata personas reales y esto evoca a los Flamencos. Pero hay la misma pasión por la verdad humana y la misma honradez ante lo que ven nuestros ojos: una persona, un ser único y vulnerable".

"La obra de Bustos no es numerosa y cubre apenas medio siglo de la oscura vida de un rincón -el nombre de su pueblo no pudo ser más apropiado- de la provincia de México, un país en esos años apartado del mundo. Cada retrato de Hermenegildo Bustos fue una experiencia distinta. Cada una de esas obras fue una aventura estética y humana: confrontación y encuentro".

"El arte de Hermenegildo Bustos, a pesar de su asociación con la Iglesia y de su devoción, es esencialmente profano. No se inserta en un rito funerario ni alude a una creencia en el más allá; tampoco está referido a la muerte o a otra realidad intemporal".

"Para Bustos la pintura es una experiencia individual, una prueba. En esa prueba se juega su ser entero y algo más: su identidad racial. Bustos se afirma Frente a la tradición y esa afirmación es doble: la de un artista marginal que no tuvo educación académica y la de un indio. Su tradicionalismo es extraordinariamente moderno y, en cierto modo, polémico".

"Para Bustos, como para todos nosotros, el tiempo pasa pero no en los lugares escogidos, no en los escenarios históricos, sino en las afueras, en sitios sin nombre. ¿En qué sentido es histórica su pintura? Nace en el tiempo, expresa el tiempo: es tiempo puro. El retrato es el testimonio, fijo y momentáneo, del encuentro de dos personas -diálogo, combate, descubrimiento- resuelto en un reconocimiento. El otro se presenta como una presencia corpórea. Esa presencia nos habla, nos mira, nos oye y nosotros la oímos, le hablamos y la miramos.

Así descubrimos que la presencia es una persona o, como se decía antes, un alma. Un ser único, semejante a nosotros, vulnerable y enigmático. Al ver un cuadro de Bustos, repetimos este descubrimiento; el tiempo, sustancia de la historia, aparece por un momento: es un rostro humano".
Ma. Angeles Sobrino F.

Departamento de investigación, Museo Nacional de Arte fue en el género del retrato donde Hermenegildo Bustos encontró el sello de su pintura. En sus obras se puede observar una evolución que partió del modo tradicional de representar a sus modelos haciéndolos figurar de medio cuerpo y en tres cuartos de perfil, hacia una concepción más moderna, en que paulatinamente eliminó los objetos personales del atuendo y de la ambientación para centrar el interés únicamente en el rostro del personaje, con base en una posible influencia de la fotografía decimonónica.

Desde sus primeros retratos, aparecieron los riesgos esenciales que Bustos depuró posteriormente para crear un personal lenguaje artístico: el dibujo correcto que muestra su capacidad intuitiva de concebir a las figuras y la sobriedad en el usa del color y en el tratamiento de las formas.

La obra de este "artista aficionado" -como él mismo se denominase- abarcó tanto el género religioso con la '-, ejecución de imágenes destinadas a decorar los interiores de los templos ubicados en su población natal Purísima del Rincón, Guanajuato, así como otras que tuvieron la finalidad de satisfacer las necesidades piadosas de sus clientes: las imágenes devocionales y los ex-votos.

De Bustos se conocen, además, dos bodegones concebidos con gran originalidad ya que, contrariamente a la composición tradicional del género que floreció en Europa en el siglo XVII, encontró otra manera de disponer sus elementos donde el interés esencial consistió en permitir que cada fruta mostrara lo propio de su apariencia.

Hombre pintoresco y exótico, el pintor transcurrió su vida ejecutando, simultáneamente a su oficio, una serie de diversas actividades como 'nevero, hortelano, músico, jornalero, carpintero, orfebre, sacristán, entre otras. Gustaba también de confeccionar sus propios atuendos y de diseñar las máscaras empleadas en las festividades religiosas del pueblo. Una valiosa fuente de información, que permite reconstruir su vida cotidiana, son las notas que escribió en los márgenes de un Calendario de Galván de 1894.


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