La exposición está compuesta por tres núcleos temáticos: En busca del arquetipo, De México al Cosmos y Por una geometría del espacio, los cuales señalan las vías por las que Tamayo transitó dando cuenta de la experimentación, dinamismo y búsqueda en el campo de la geometría y la abstracción por parte del artista.

Núcleo 1 | En busca del arquetipo Tamayo es, ante todo, un pintor de la figura humana.
En el retrato incorpora no solo las innovaciones formales, sino interrogantes de índole existencial, sensorial e incluso metafísica. Sus primeros modelos, de fisionomía indígena, conservan la huella de un aprendizaje juvenil como dibujante etnográfico en el Museo Nacional. Las proporciones volumétricas, el dibujo abultado y la paleta parca de sus inicios, van cediendo el paso a una síntesis creciente que tiende a la alegoría: reflexión sobre el lugar del individuo en la sociedad y las paradojas de la condición humana, sí la hay; pero Tamayo asigna principalmente a la silueta la función de factor de movimiento en la imagen. El humano se transforma en un mero signo, desmaterializado y, a veces, asexuado.

Núcleo 2 | De México al cosmos
Al tratamiento narrativo que domina la pintura de enfoque histórico, él responde con una composición dinámica, ventilada, que pone al descubierto su armazón interna. Renuncia a representar el mundo físico con el que estamos familiarizados. Opta por ahondar en la plasticidad de las cosas al trasladarlas al lienzo, atento también a su verosimilitud: que sean pertinentes con la época y acordes al mundo industrializado, mecanizado, cimbrado por dos guerras mundiales y amenazado por la bomba nuclear.

Los formatos de sus telas crecen como para acoger la nueva dimensión de su mirada. Los ritmos de la imagen son tensos, dramáticos. Meditabundas, alegres o dementes, las figuras habitan un mundo virtual en los linderos de la vida y la muerte, suntuoso y monstruoso a la vez y no desprovisto de un sentido del humor macabro.

Núcleo 3 | Por una geometría del espacio
La pintura de Tamayo está colmada de referencias: arquitectura y escultura prehispánica, arte popular, barroco pueblerino y civilización industrial cohabitan con las fragmentaciones geométricas practicadas por artistas de vanguardia como Paul Cézanne, Pablo Picasso y Georges Braque.

“Es más práctico extraer de un color todas sus posibilidades que emplear una variedad ilimitada de pigmentos” –Rufino Tamayo.

Su extraordinaria paleta, hasta ahora inigualada, vibra al ritmo de la composición, se integra a la estructura del cuadro como sedimento orgánico y proyecta una gran intensidad emocional.

Del estilo de Tamayo no solo harán escuela el deslumbrante colorido vuelto expresión y urdimbre del cuadro, sino también el óleo delicadamente texturizado con arena, la magistral síntesis plástica, el aliento lírico aunado al acabado impecable de la factura y, sobre todo, aquella libertad irreductible que reivindica en el lienzo y en el ejercicio de su profesión.



© MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE MONTERREY, 2017 | Zuazua y Jardón S/N, Centro. Monterrey, N.L. México, 64000 | T. +52 (81) 8262.4500

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