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Una interesante exposición que conjuga herramientas y técnicas milenarias con tecnología y propuestas contemporáneas: Jeongmoon Choi. Manifestaciones de la línea, abrió sus puertas en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey el 10 de febrero con una interesante charla de la artista para el público en general, en la que se contó con una extraordinaria asistencia. La muestra, con curaduría de Gonzalo Ortega y museografía del propio Museo, permanecerá hasta el 2 de julio de 2017.

Jeongmoon Choi, quien por primera vez expone en México, nació en Seúl, Corea del Sur (1966), en donde realizó estudios, hasta maestría, de pintura y dibujo; en 1995 se traslada a Berlín, en donde continúa estudiando bellas artes hasta 2001. Es ahí en donde deja atrás el dibujo y la pintura bidimensionales para pasar a la experimentación de un espacio tridimensional, hasta llegar a dibujos y construcciones espaciales -arquitectónicas- logradas a partir de delicadas líneas formadas con hilos tensados -blancos o coloreados- que destacan al rodearlas con muros oscuros y luz ultravioleta. Todas las obras requieren de un minucioso trabajo manual y precisiones estructurales de parte de la artista y su equipo ya que cada una de sus instalaciones y dibujos se construyen específicamente para el espacio en donde se presentan. Sus trabajos se han presentado en exposiciones individuales y colectivas en importantes galerías e instituciones de diversos países, como Francia, Italia, Brasil, Eslovenia, España, Grecia, Corea del Sur y Alemania.

Al conocer las obras de Jeongmoon Choi, es inevitable evocar movimientos de la historia del arte que se han basado fundamentalmente en la línea, como el op art y el arte cinético, así como las esculturas minimalistas del destacado artista norteamericano Fred Sandback (1943-2003), quien trabajaba con hilos coloreados, alambres y cuerdas en diseños esquemáticos que el espectador completaba mentalmente. No obstante, la propuesta conceptual de Jeongmoon Choi es muy diferente y actual y su obra remite, al decir de ella misma, al arte tradicional -muy probablemente al milenario arte oriental en el que la línea es el elemento primordial-. Es con este elemento, y con un manejo preciso de la luz, con el que crea -construye- sus dibujos e instalaciones arquitectónicas a las que, a pesar de la fragilidad inherente al material (hilo tensado), dota de un gran potencial conceptual en piezas atractivas en las que alude a sus temas recurrentes: el indivisible binomio espacio-tiempo, la naturaleza, la arquitectura contemporánea, las relaciones humanas a través de los nuevos medios de comunicación, la influencia y la presión de los mismos en nuestra vida, y la fragilidad no solo del ser humano, sino también de su entorno. Todas sus obras requieren de la interacción del visitante, que encontrará sus propias interpretaciones y reflexiones.

La muestra en MARCO, integrada por obras recientes de la artista, es atractiva, estética, inclusive lúdica; en la que encontramos los temas mencionados, desde la manera en que están creadas las obras: el material nos recuerda la fragilidad y lo efímero de la propia instalación que desaparecerá físicamente al terminar su exposición, persistiendo solo en la memoria, y asimismo la fragilidad del ser humano, de sus relaciones con otras personas y con el medio ambiente; la tensión de los hilos alude al temor a la naturaleza con la que guardamos sentimientos de admiración y gozo, pero también de miedo a las catástrofes naturales. Esto es evidente sobre todo en dos de las 6 obras de la exposición: Flowing Landscape (Paisaje que fluye) 2017, y Sismic Memorizer, 2015; la primera es una gran instalación basada en las formas de las montañas de la Huasteca y elaborada especialmente para la exposición en Monterrey, integrada por construcciones espaciales que se prolongan al piso y entre las cuales el visitante se puede desplazar con libertad, con iluminación fría en color azul, para evocar ese temor. Sin embargo, ese ambiente sereno, repetitivo y en cierto sentido acogedor, también nos hace conscientes de la noción de espacio-tiempo y del desplazamiento de nuestro cuerpo, induciendo a la meditación y la reflexión. La segunda está formada con una especie de tarima con placas triangulares de madera dotadas de movimiento y un sensor sísmico que registra en papel el desplazamiento de los visitantes de manera similar al registro del deslizamiento de las placas tectónicas, haciéndoles conscientes de la vulnerabilidad del ser humano en los casos de desastres naturales como los terremotos y los tsunamis, entre otros, pero entender que existen también, y cada vez con mayor frecuencia, desastres provocados por el ser humano con la extracción de gas por la técnica del fracking, o la ubicación y protección inadecuadas de las plantas atómicas. Estas obras se originaron por el temor y la preocupación de la artista tras el gran sismo de 8.9 grados Richter en Japón en 2011, al cual siguió un enorme tsunami y los altos niveles de radiación por los daños a la planta nuclear de Fukushima.

Birdcage (Jaula de pájaros), 2017 es un pequeño cuarto de colores fosforescentes que alude a la arquitectura contemporánea que nos aísla del entorno, pero también al aislamiento y la reclusión voluntaria en la que perdemos contacto personal y lo sustituimos con la ilusión de contacto por las redes sociales, lo cual conduce a soledad y en no pocas ocasiones a angustia. V, 2012, tejido de líneas horizontales y verticales trazadas con precisión matemática, hace referencia a dos aspectos actuales en las sociedades orientales: la señal formada con los dedos índice y medio al tomarse fotografías, y la presión de los medios de comunicación en el modelo de belleza a imitar, tomado de los dibujos manga, lo que lleva a muchas mujeres a recurrir a la cirugía estética en su afán de lograrlo. Esta obra, al igual que Fault 02, 2017, representación abstracta de dos placas tectónicas, juegan con la perspectiva y el espectador debe buscar el ángulo que le permita ver la letra en el primer caso, y la línea negra que las divide en el segundo. Lines-up-a recollection, 2012 es un video que registra una de las pocas intervenciones de la artista en espacio público, en este caso en un barrio de Berlín; en el que se aprecia su producción a gran escala, en la que interviene el trabajo manual auxiliado con maquinaria industrial y la luz. Esta obra se presentó durante 4 meses en ese espacio.

Esta muestra de Jeongmoon Choi, con cuidadosos patrones geométricos logrados con elementos simples y efímeros nos lleva a meditar y reflexionar sobre los problemas actuales por medio de ambientes lúdicos que seguramente, y de acuerdo con los deseos de la artista, persistirán en nuestra memoria. Se cuenta con un catálogo de la exposición y se tienen programadas diversas actividades en torno a ella.