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Otto Dix produce una serie de textos programáticos que permiten la interpretación de su obra, en ellos muestra honestamente que tiene por eje central a la experiencia humana en todos sus posibles acontecimientos: le importa el individuo que padece y vive las situaciones concretas. Pareciera que intenta mostrar todos los tipos de experiencias que pueda vivir un hombre, aunque de hecho sabe que son intransferibles. Son de peculiar interés aquellas situaciones que se vuelven singularidades inigualables a lo largo de su adaptación al medio: mujeres adaptadas a las nuevas ciudades; hombres y mujeres adaptados a la guerra, a la religión y a la muerte; es decir, personas en general adaptadas a sus circunstancias con sus capacidades, limitaciones y accidentes.

Particularmente importante es la producción en plena guerra. Otto Dix participa de ella gustosamente, se enlista en 1914 para adiestrarse en la artillería y luego formar parte de un batallón de las trincheras en la guerra. Para un espíritu romántico de principios de siglo en Europa, la guerra simbolizaba una oportunidad de ganarse un nombre, el honor y el respeto de su comunidad. Ninguno de los deseos de estos hombres se cumplió en la primera guerra. La mayor parte encontró su propia muerte, y los sobrevivientes tuvieron que acostumbrarse a los daños físicos y psicológicos por el resto de sus vidas. Con todo, su orgullo patriótico los hacía pensar que el pueblo les debía un servicio, cosa que no sucedía para molestia suya. Los imperios caídos de Austria, Alemania y Otomano perdieron sus relaciones de producción, distribución y consumo de productos. Con la falta de exportaciones decayeron los ingresos económicos de los Estados; y con el aumento de las importaciones, se descapitalizaron y aumentó la inflación de manera exorbitada. Al paso de una década, la depresión económica imperó en las democracias incipientes. Por un lado, estaban endeudadas económicamente por sus dirigentes, y por otro, tenían que pagar un tratado injusto y violento por la derrota: el Tratado de Versalles. Esto fue el detonador para que los grupos de ideólogos de cristianos, marxistas, espiritualistas y fascistas se convirtieran en partidos políticos, que al paso de una década terminaron siendo alrededor de dieciocho nuevos partidos. De entre los más extraños y radicales se encuentran la Nueva Comuna y la Comuna Cósmica, cuyos miembros suponían que Europa estaba en decadencia y que era necesario renovarla con rituales agrestes y religiones telúricas, cosa que encontraron en los cultos arcaicos de griegos y nórdicos: el vitalismo delirante fue tomando forma en figuras como la “bestia rubia” y el “superhombre”. El resultado de estos cambios radicales en la ideología alemana permitió que los grupos narcisistas y violentos visualizan por vez primera a los “ladrones de la luz”: el grupo de personas que buscaban para luego usarlos como chivos expiatorios.

La obra que produce Dix en su preparación tiene tintes heroicos y patrióticos. Pero lo que pinta durante la guerra muestra evidentemente la violencia y desastres de una práctica violenta a distancia y con artillería pesada. Los motivos de sus cuadros son los aviones de combate, los hoyos de granadas y bombas, las secuelas de las ráfagas de metralletas en los cuerpos de los soldados y en la vegetación. En general, pinta todo aquel paisaje que provoca el miedo y el horror. La primera guerra mundial era asquerosa e irracional, con todo y que imperaba una logística precisa en suministros para las tropas.

Pronto termina la guerra, pero Otto Dix sigue haciendo obra con dicha temática hasta finales de la década de los veintes. En 1924 hace unas decenas de grabados con dicho tema en donde muestra los cuerpos destruidos de los soldados reducidos a materia: heridos, mutilados, muertos de días, la vida en las trincheras con su suciedad y sus parásitos de toda índole. Después de dicha obra, toma a la ciudad como tema. Éste es el momento en el que muestra a los seres humanos con sus nuevas formas de vida: los soldados mutilados, las prostitutas, y las nuevas subjetividades que transforman sus cuerpos para adaptarse a las nuevas condiciones. Se generalizó el consumo de todo tipo de drogas en las fiestas y burdeles donde imperaba la música de jazz, las cabareteras y prostitutas. Toda esta miseria humana se vuelve parte de la obra del genio artístico, incluyendo la peor de todas: el surgimiento de grupos violentos. Incómodo para las nuevas ideologías, Otto Dix se ve amenazado en su obra y su persona, lo catalogan y exhiben como uno de los “degenerados”. La obra de finales de los 20´s muestra claramente el surgimiento de nuevos poderes peligrosos para la humanidad de los ciudadanos en la frágil democracia. El juicio del genio se muestra severo con los grupos que sólo saben verse a sí mismos, y en consecuencia, repelen y violentan a los que son diferentes a su credo e interés. De dicho periodo tenemos las obras Los siete pecados capitales y La Guerra, ésta última una de las obras maestras e inigualables del siglo XX, en la que se muestra lo destruido que puede quedar un pueblo y su paisaje cuando cede a las formas de vida narcisistas y violentas. Esto es lo que vuelve a la obra y juicio de Dix toda una enseñanza para la cultura y el humanismo.


Aldo Carbajal Rodríguez es filósofo, investigador de estética y lingüística y catedrático en la Universidad de Guadalajara. Participó en MARCO el 7 de septiembre, junto a Erick Vázquez y Raoul Godínez, en la charla “Florecimiento artístico e intelectual en la República de Weimar”, actividad en torno a la exposición de Otto Dix.