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Una interesante y espectacular muestra, la primera que hace un recorrido por la representación humana en la escultura hiperrealista en los poco más de 50 años del surgimiento de esa tendencia, se presenta en MARCO desde el 14 de octubre, como resultado de un proyecto del Instituto para el Intercambio Cultural en Tubinga, Alemania, coordinado por Lena Pohlmann y Silvia Arce y con curaduría de Otto Letze.

Es interesante anotar que ese Instituto presentó una muestra de pintura hiperrealista en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, en 2011, y ahora, a través de 31 obras de 25 artistas, la exposición permite seguir la evolución de la escultura de este mismo movimiento, desde sus inicios con técnicas tradicionales, como el modelado, la pintura total y el fundido, en materiales tales como yeso, bronce, fibra de vidrio y plástico, hasta su entrada al mundo contemporáneo de la tecnología digital y el uso de fibras sintéticas, siliconas y materiales acrílicos que han permitido mimetizar a la perfección la piel humana y proporcionar sensación de suavidad, lo que aunado a la atención meticulosa del detalle y al uso de indumentaria y accesorios han llevado las obras a la excelencia de una simulación de la realidad, de un realismo exagerado que da origen a su nombre, y que lo distingue del realismo presente a lo largo de la historia del arte desde la prehistoria y el arte antiguo hasta el pop, y del realismo, movimiento artístico iniciado en Francia en la segunda mitad del Siglo XIX.

El hiperrealismo tuvo sus inicios en los 60s y 70s del Siglo XX como la búsqueda del regreso a la figuración y como derivación del fotorrealismo, sin embargo, a diferencia de éste, el hiperrealismo va más allá de la perfección técnica al presentar a sus personajes como seres vivos que, al abordar crítica social, temas políticos, las diversas etapas y edades por las que trascurre la vida, el mundo de la publicidad y presentar posibles escenarios cotidianos y futuristas -no siempre optimistas-, despiertan emociones, cuestionamientos y reflexiones sobre el ser humano en general y sobre la vida del espectador, que puede verse reflejado en alguno de ellos. Este movimiento adquirió notoriedad durante su participación en Documenta Kassel 1972 y desde esos años se le ha considerado, junto con el arte conceptual, uno de los movimientos más importantes de finales del S. XX.

La muestra se presenta en 5 secciones en las que participan artistas de gran reconocimiento internacional de diversos países: Estados Unidos, Italia, Gran Bretaña, Dinamarca, Francia, Serbia, Macedonia, Bélgica, Sudáfrica y Sierra Leona, entre los que se encuentran los tres artistas norteamericanos pioneros del movimiento: John DeAndrea, Duane Hanson y George Segal, así como el artista australiano Ron Mueck, de quien en 2011 MARCO presentó una excelente y muy exitosa muestra individual.

50 años de escultura hiperrealista inicia con la sección Réplicas Humanas, en la que se presentan esculturas a escala real de personajes representativos de la clase trabajadora, como es el caso de las obras Salesman, 1992, y Two Workers, 1993 de Duane Hanson, en los que utilizó los accesorios reales de sus modelos. Hay también desnudos femeninos, dos obras de John DeAndrea: Ariel I (raised arms, soft hair), 2011, y Lisa, 2016, la cual se presenta por primera vez al público en esta muestra, y una pieza de Paul McCarthy, That Girl (T.G. Awake), 2012-13, con tres representaciones de la misma modelo en la misma posición, con leves variaciones. Estas obras no tratan de presentar una belleza clásica, sino la autenticidad de las modelos.

Enseguida se presenta la sección Esculturas Monocromas, en las que el ser humano se representa sin un rostro definido, facilitando la identificación del espectador con la misma e invitando a construir una historia. Algunas han formado parte del paisaje urbano en instalaciones adecuadas al sitio específico, con las que el público interactúa, como en el caso de las piezas del artista español Juan Muñoz, autor de Piggyback with knife, 2001, presente en la muestra. Igualmente interesantes son las obras Standing Woman Looking into Mirror, 1996, de George Segal, y Beverly Edmier, 1967, 1998, del artista norteamericano Keith Edmier, quien se representa en el vientre de su madre, quien viste como Jaqueline Kennedy el día del asesinato de su esposo.

En la siguiente sección, Partes del Cuerpo, se encuentran: Lily, 2013, del londinense Jamie Salmon que muestra un rostro perfectamente terminado que en la parte posterior permite conocer el proceso de elaboración; Ave María, 2007, de Maurizio Cattelan, tres brazos extendidos que aluden tanto al Arcángel Gabriel en la Anunciación, como al saludo fascista; y Back to square one, 2015, de Peter Land, quien con frecuencia se representa a sí mismo en sus obras, en esta ocasión en una instalación en la que se refiere con sarcasmo al tema del fracaso.

El Juego de las Dimensiones cuenta con excelentes ejemplos de las reducciones o aumentos del tamaño de las esculturas, tendencia que inició Ron Mueck en los noventa. De él es Dead Dad, 1996-97, su primera obra como artista, en la que presenta en escala reducida el cuerpo de su padre muerto. Igualmente interesantes son: Woman and Child, 2010 y Untitled (Kneeling Woman), 2015, del también australiano Sam Jinks, la primera relata un momento emotivo de su vida, la presencia de su madre enferma cargando la nueva vida de la hija del artista, clara referencia al ciclo de la vida; Cornered, 2011, una anciana que tal vez guarde muchas historias, y Embrace, 2014, que expone un momento de amor de una pareja, ambas del serbio Marc Sijan, artista que trabajó con Duane Hanson y se puede considerar su sucesor; y Ordinary man, 2009-10, un hombre de grandes dimensiones que parece emerger del piso y sentirse desorientado, del macedonio Zharko Basheski.

Deformaciones es el último grupo, en el que es más evidente el uso de las nuevas tecnologías digitales, logrando piezas en las que importa más la interpretación que la representación. Aquí se encuentran: Panagiota: Conversation #1, Variation 2, 2008, y Self stretch, 2012 de Evan Penny, autor de numerosos autorretratos, quien crea distorsiones semejantes a las de la fotografía o los programas digitales; Newborn, 2010, de Patricia Piccinini, quien presenta criaturas híbridas o deformadas, en alusión a las modificaciones genéticas que están en experimentación científica, llevándonos a pensar qué resultados vamos a obtener; Chiquita Banana, 2007, de Mel Ramos, y Refrigerator, 2002, de Allen Jones cuestionan el tratamiento de la mujer como objeto en la publicidad y la mercadotecnia; y la espectacular obra Josh, 2010, de Tony Matelli en la que la gravedad parece no existir para el personaje que levita.

La muestra se presentó previamente en el Museo Bellas Artes de Bilbao, permanecerá en MARCO hasta el 8 de enero de 2017 y viajará al Arken Museum of Modern Art de Copenhague. Es una excelente oportunidad de conocer este interesante movimiento que continúa evolucionando.