“Mi pintura es de dos mundos. De piel adentro es un grito contra el racismo y la pobreza; de piel para afuera es la síntesis del tiempo que me ha tocado vivir. Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el Hombre hace en contra del Hombre.”
Oswaldo Guayasamín


En días anteriores, tuve la oportunidad de presentar en MARCO dos propuestas vinculadas por sus bases conceptuales. En mayo del 2016, en una ponencia abierta al público general, presenté “Arte e Historia: el cuerpo, el amor y el deseo”. En julio, dentro de un seminario de cuatro días se abordó el “Arte Prohibido: eros, aesthetikos y politikos”. Mi insistencia de abordar estos temas en este contexto, tiene raíz en el concepto del Deseo en sí, que siempre me ha intrigado. El Deseo humano como fuerza motriz, ha alentado grandes logros en la plástica, la literatura y la música.


Algunos podrían argumentar que la civilización humana en sí es influenciada por las fuerzas del deseo. Éste fue el punto a discutir, analizar. No existe mayor fuerza que el Deseo ya sea anhelado, reprimido o negado. El Deseo satisfecho es la muerte. La petit mort de la que hablan los franceses. El fallecimiento creativo del post coitum omne animal triste est.

Por otra parte, es necesario reconocer que el Deseo no necesariamente se limita a los espacios del erotismo. Vemos cómo, tanto la búsqueda de una nueva visión así como el poder de indignación que alimenta la denuncia, se pueden convertir en plataformas valiosas para la creación artística. Ahora bien, ¿Por qué lo prohibido? Usando a Michel Foucault y a Erasmo de Rotterdam como referentes, vemos que lo prohibido es muchas veces lo más honesto que puede declararse una sociedad o periodo. El marginado o el excluido son los que tienen una visión del externo, del removido, del negado, de aquel que puede ver lo abusivo, monstruoso o absurdo y responder con… una nueva visión/propuesta o una denuncia artística única.

La historia del arte es un instrumento magnífico para visualizar el deseo amoroso o reclamante de justicia. Dos obras analizadas en el seminario fueron: Éxtasis de Santa Teresa de Lorenzo Bernini (1652) y Las Manos de la Protesta de Guayasamín (1968).

El primero, creado y tomado como ejemplo del pináculo del Barroco del siglo 17, muestra a Santa Teresa de Ávila en medio de un éxtasis místico (https://es.pinterest.com/pin/529243393689746166/). Inspirada en la obra literaria de Santa Teresa de Jesús, escrita en la segunda mitad del siglo 16. Bernini toma la naturaleza apasionada y ardiente de la Santa para recrear el éxtasis de ser poseída/dominada por la iluminación divina. Bernini traduce una experiencia mística en algo flagrantemente erótico cuando introduce elementos líquidos y fálicos en la composición de la obra (la base donde reposa la Santa y la flecha portada por el ángel) dándole, por ende, una naturaleza orgásmica a la experiencia. Los dedos del pie de Santa Teresa no dejan lugar a duda de cómo este brillante escultor nacido en Nápoles, interpretó la experiencia y el deseo místico de este icono religioso del siglo 16. Bernini deja claro que la diferencia entre el éxtasis del espíritu y el éxtasis de la carne es muy pequeña, y que el deseo juega un papel muy importante en la raison d’etre de la obra misma.

La serie de las manos (https://es.pinterest.com/pin/483151866248925091/) de Oswaldo Guayasamín (1919-1999) son una de las denuncias más contundentes de la experiencia plástica latinoamericana. Habiendo vivido la represión autoritaria bestial de Sudamérica durante la Guerra Fría, esta serie muestra el sufrimiento y dolor de los sectores más vulnerables de la población. Su obra, reflejada de manera sumamente poderosa en la ecuatoriana Capilla del Hombre (Quito; 1995-2002), hace una denuncia sobre el sufrimiento, el dolor y la muerte. Es una denuncia a los abusos contundentes de un sistema político donde la vida y la humanidad pasan a ser carne de cañón o daño colateral. El deseo de justicia y reivindicación socio-política pasan a ser una denuncia más acuciante que cualquier otro medio pudo haber hecho.

El objetivo de estas exposiciones se centraba en explicar que:

1) el arte (en todas sus manifestaciones) es el instrumento más sobresaliente para la expresión de deseo que la humanidad tiene;

2) el arte prohibido muestra de manera más honesta la realidad de un sistema o de una sociedad, pues hace denuncia de aquello que se le niega al marginado o bien denuncia aquello que le victimiza;

3) el deseo erótico es el motor más importante para explorar las vanguardias artísticas del pasado, ya que muestra cánones y expresiones de deseo que los convencionalismos condenaron o rechazaron y que el tiempo reivindicó;

4) el arte político es un instrumento donde la pobreza, el sufrimiento y la victimización quedan como un grito perenne en la historia de la humanidad.

La historia del arte es una parte fundamental del desarrollo intelectual, ya que en ella encontramos el desarrollo de nuestros gustos, valores culturales y, especialmente, nuestro espíritu.


Raoul Godínez Ramos es profesor del departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política del ITESM, Campus Monterrey. Posee grados académicos del ITESM y ha explorado el arte, la literatura y la historia. Ha participado como docente en varias universidades de México y el extranjero y ha sido ponente y conferencista invitado en distintas instituciones.
Del lunes 25 al jueves 28 de julio de 2016, impartió en MARCO el Seminario “Arte Prohibido. Denuncia, Protesta y Declaración”.