En la trayectoria de Otto Dix sobresalen por su importancia temática, técnica e implicaciones sociopolíticas dos extraordinarios trípticos, considerados como los puntos culminantes de su carrera: Metrópolis (1927-1928) y Guerra (1929-1932), cuyas reproducciones forman parte de la muestra Otto Dix. Violencia y pasión. Ambas obras destacan tanto por su formato como por la técnica -témpera sobre madera- que aluden a las pinturas religiosas sobre todo de los siglos XI y XII, llevadas ahora a una crítica de gran realismo, realizadas con gran dominio técnico y cuidado extremo del dibujo y los detalles. En ambos trípticos se incluye Dix, como testigo de los eventos que narra.

Dix creó Metrópolis, en Dresde entre los años 1927 y 1928, a partir de numerosos bosquejos que preparó desde 1925, algunos de los cuales se encuentran en la muestra. El tríptico, que actualmente forma parte de la colección del Kunstmuseum Stuttgart, Stuttgart, Alemania, mide 404 x 181 cm. En él, Dix sintetiza sus observaciones y escrutinio de la sociedad en los años que siguieron a la desaparición del Imperio y la derrota en la Primera Guerra Mundial, con el establecimiento de la llamada República de Weimar, la cual fue un intento de establecer la democracia y mejorar las nefastas condiciones económicas de Alemania que ocasionaron prácticamente la desaparición de la clase media, un aumento en el número de viudas y huérfanos desamparados, así como una elevación del desempleo, la miseria y la falta de oportunidades, que llenaron las calles de pordioseros, mutilados de guerra y prostitutas. Por otro lado, un fragmento de la sociedad era sumamente rica y despreocupadamente seguía su ritmo de vida con gran indiferencia ante las condiciones sociales y políticas de la época.

Estas condiciones extremas son las que Otto Dix plasma en Metrópolis. En el panel central se encuentra un grupo de personas obviamente pudientes, con ropa fina y alhajas, disfrutando y bailando con una orquesta de jazz. En los paneles laterales el artista muestra que aún entre los desprotegidos existen diferentes niveles. En el panel derecho, un grupo de prostitutas elegantemente vestidas pasan delante de un bello edificio, ignorando el saludo - y tal vez la súplica de unas monedas en su sombrero- de un ex-soldado mutilado, con sus muñones desprovistos de prótesis; en el panel izquierdo, hay asimismo un grupo de prostitutas, pero en este caso van mal vestidas y carentes de gracia y juventud, pasando debajo de un puente. Éstas son también indiferentes a los dos veteranos de la guerra que las ven con deseo, uno de ellos -autorretrato del artista- con rudimentarias prótesis de madera y muleta, que contrastan con las piernas de las mujeres, el otro acostado en el piso, amenazados por un perro que les impide acercarse.

En 1924, Dix trabaja una serie de 51 aguafuertes en los que plasma la realidad de la guerra, en los años posteriores a la conflagración cuando se exaltaba el militarismo y el heroísmo, tal vez como catarsis y exorcismo de los horrores que vivió en el frente -como el sacrificio de muchos jóvenes idealistas que, al igual que él, se alistaron voluntariamente en el ejército-, pero sobre todo para mostrar la realidad de los campos de batalla. En la muestra hay numerosas piezas de esta serie, basada en las obras de Los desastres de la guerra de Francisco de Goya, sobre los horrores de la invasión Napoleónica y la Guerra de Independencia Española; en las fotografías del libro War against war del autor alemán Ernst Friedrich; y en sus recuerdos. Esta serie y el tríptico Guerra, son consideradas las más importantes obras opuestas al militarismo en el arte moderno. Entre los aguafuertes de esta serie se encuentran, entre otros: Soldado herido en fuga (Batalla de Somme, 1916) , 1924, que remite a la batalla más larga y una de las más sangrientas en la historia de la humanidad, que terminó con la derrota del ejército alemán por los aliados Francia y Gran Bretaña; Soldados hechos pedazos, 1924; y Pase de lista al retorno de los soldados, 1924, en la cual muestra un diezmado y maltrecho grupo de reclutas que pudieron sobrevivir a las terribles condiciones del campo de batalla.

El tríptico La Guerra (1929-1932) cuenta con predela y es de mayores dimensiones (204x204 el panel central; 204x102 los laterales; y 60x204 la predela). Remite sobre todo al Retablo de Isenheim, políptico religioso del artista alemán del Renacimiento Matthias Grünewald, y la predela, a la pintura Lamentación de Cristo, del italiano, también renacentista, Andrea Mantegna. Numerosos críticos opinan que hay también influencia de Nietzsche, de Goethe y de la Biblia en esta obra que muestra desolación, sufrimiento, caos, sacrificio y solidaridad; algunos han encontrado en esta pieza un sentido netamente religioso. Es interesante señalar que el Retablo de Isenheim es actualmente la pieza principal del Museo Unterlinden de Colmar, ciudad de la región de Alsacia, Francia, en la que Dix estuvo prisionero al final de la Segunda Guerra Mundial.

Este tríptico, que desde 1969 se encuentra en el Staatliche Kunstsammlungen de Dresde, hace una narración de los tiempos de la guerra. En el panel izquierdo, observamos a los soldados marchar muy de mañana hacia el frente, envueltos en la bruma; en el centro se muestran los estragos en el campo de batalla, con gran destrucción, muerte y un soldado con máscara de gas; en la predela, se encuentran numerosos soldados muertos; y en el panel derecho, Dix se retrata rescatando a otro soldado. En esta obra, en la que Dix es el único personaje con rostro y sin uniforme, cobran gran importancia los colores, por ejemplo el gris que predomina en las figuras de los paneles central y derecho, sobre todo en el autorretrato del artista, que contrasta con el rojo a sus espaldas.

Sin duda, Otto Dix. Violencia y pasión es una interesante muestra que presenta la obra de uno de los artistas más importantes, influyentes y prolíficos de la modernidad, quien con gran destreza técnica, originalidad y compromiso social nos permite conocer su gran trayectoria artística, su vida y periodos históricos de gran importancia del siglo pasado y, al mismo tiempo, nos lleva a reflexionar sobre el daño que el hombre es capaz de infringir a sus semejantes. Es indispensable recorrerla con detenimiento.