“Yo trazo un plan (esbozo), pero a pesar de ello, luego el cuadro se configura por sí solo”
Otto Dix

Una parte muy importante en la obra de Otto Dix son los retratos y los autorretratos, estos últimos en los que es el sujeto único del cuadro y una gran cantidad, con diversos temas, en los que aparece claramente o en los que no es tan evidente. Dix es uno de los artistas con mayor cantidad de autorretratos -alrededor de 500- y en la muestra en MARCO tenemos varios de ellos: en cuadros tempranos como el ya mencionado Retrato como fumador, 1913 y dos muy significativos previos a su incursión en la Primera Guerra Mundial: Autorretratos, 1914, en el que plasma su idealización del combate, y en contraste Autorretrato en forma de diana, 1915, que probablemente expresa su temor a la muerte. Uno de los autorretratos más emblemáticos de Dix es Autorretrato con caballete, 1926, óleo sobre madera ejecutado impecablemente en colores claros, con excelente dibujo y tenues veladuras, en el que se representa vestido formalmente, con mirada iracunda -considerada por los críticos como acusadora por los excesos durante la República de Weimar- hacia el espectador.

Curiosamente, en el boceto en carboncillo que preparó para esta obra aparece a su espalda su musa con una mano apoyada sobre el hombro del artista, el cual mira hacia el lienzo, no hacia el espectador. La pose del pintor, con la mano sobre el pecho está inspirada en el famoso Autorretrato de 1500 de Durero, el más famoso artista del Renacimiento alemán, y en las representaciones antiguas de Cristo señalando la herida en el costado. Cabe señalar que Otto Dix realizó varios bocetos de autorretratos con musa en momentos importantes de su vida: el que acabamos de mencionar al ser nombrado catedrático en la Academia de Bellas Artes de Dresde; el primero, único en el que si pintó a la musa al pasarlo al óleo Autorretrato con musa, 1924, coincide con su primera exposición en la Nationalgalerie de Berlín; y el tercero, Pintor con musa, 1933, cuando el régimen nazi lo destituyó, le confiscó un gran número de obras y lo clasificó como artista degenerado.

Otros autorretratos que podemos admirar en MARCO, además de los mencionados Autorretrato con Jan, 1930; Autorretrato con Marcella, 1969; y San Cristóbal IV, 1939, son algunos en los que se representa como soldado y como mutilado de guerra, como es el caso de la reproducción de Los mutilados de guerra (con autorretrato) , 1920, obra que junto con Trincheras, 1923, cuya reproducción se encuentra también en la muestra, se cree que fueron quemadas en 1937, en el grupo de más de 1000 obras de varios artistas, al término de la exposición itinerante de Arte degenerado; y Autorretrato como prisionero de guerra, 1947. Interesante también es una de sus últimas obras, la litografía a color Autorretrato como calavera (Homenaje a f. Jean Cassou Totenkopf) , 1968.

Entre las obras en las que se asoma su autorretrato, además de la ya comentada Naturaleza muerta con velo de viuda, 1925, se encuentran Yo en Bruselas, 1922; y Cuadro con espejo (con autorretrato) , 1923, y en las reproducciones de sus trípticos -que comentaremos posteriormente- Metrópolis, 1927-1928; y La Guerra, 1929-1932.

Otto Dix ocupa un lugar destacado entre los mejores retratistas por su capacidad de captar, ya sea en retratos serios, grotescos, irónicos o caricaturescos, la personalidad del retratado, a pesar de que comentó que, como pintor realista, él no podía -y en realidad ningún artista podría- hacer un estudio psicológico del modelo, y que él sólo pintaba lo que veía, pues el interior de la persona se refleja en el exterior. En la muestra se encuentra un buen número de ejemplos, entre ellos: Retrato del pintor Baumgärtel, 1914; Retrato del Dr. Wilhelm Zersch, 1935; Retrato del Dr. Fritz Perls (fundador de la terapia Gestalt) 1966; El pintor Kurt Lohse II Marco, 1914; Retrato en grupo, ca. 1923; Retrato de la Sra. Emmi Hepp, 1939; y Dama con sombrero de plumas, 1923.

Sin embargo, es evidente el cambio al retratar a su familia en pinturas, trabajadas en colores claros, plenas de simbolismo y cercanas al romanticismo alemán en el sentido de que predomina el sentimiento sobre la razón. Esto es evidente tanto en los dos retratos de sus padres (1902 y 1924), quienes siempre lo apoyaron, en los que alude a su pertenencia a la clase trabajadora, destacando sus grandes manos, como en obras posteriores a su matrimonio con Martha Koch (Mutzli), en 1923, varias de ellas se aprecian en la muestra, además de los autorretratos ya mencionados con su hijo Jan y con su nieta Marcella, se encuentran Nelly de bebé, 1923; y Nelly con juguetes, 1925, entre otras. Destaca también Boceto para “La muerte y la niña” , 1941, obra en carboncillo sobre papel en la que su hija Nelly es la modelo. Es indudable que los lazos familiares le brindaron estabilidad psicológica y afectiva en las difíciles situaciones que le tocó vivir en el agitado y en ocasiones confuso siglo XX. Es en estas obras en las que hay un atisbo de optimismo, al igual que en Recién nacido con cordón umbilical en manta, 1927; en Y nueva vida florece en las ruinas, 1946; y en Gitana con niño, 1962.

Entre las obras que, con iconografía cristiana, trabajó en su etapa final se encuentran en la muestra, además de San Cristóbal IV, 1939; La elevación de la Santa Cruz, 1962; y Varón de dolores (Ecce homo), 1964.

Siendo una muestra tan ampliamente representativa de su desarrollo artístico, podemos encontrar otras facetas de su quehacer, por ejemplo en la serie dedicada al circo, De la serie circo: Los burladores de la muerte, 1922; a actos ecuestres, Acto ecuestre internacional, 1922; algunos aguafuertes que reflejan la realidad de la vida cotidiana posterior a la Primera Guerra Mundial, entre otros: Mendiga, 1924; Anciana en cafetería, 1920; Vendedor de cerillos, 1920; Jugadores de billar, 1920; dibujos en carboncillo como Hiena, 1938, y otros ejemplos de diferentes aspectos de su excelente y multifacética trayectoria.