La excelente retrospectiva sobre Otto Dix que se presenta actualmente en MARCO recorre ampliamente la larga y prolífica trayectoria de este artista alemán, referente indispensable en la historia del arte del siglo XX, cuyas obras forman parte de colecciones particulares y de los más importantes museos a nivel mundial, como el Centro George Pompidou, en París, donde se encuentra en exhibición permanente el Retrato de la periodista Sylvia Von Harden, 1926, una de sus obras más emblemáticas.

La exposición en MARCO es una muestra polisémica que es posible abordar, tanto como un reflejo de la turbulenta época que le tocó vivir a su País y a él en lo individual, atravesando por las dos grandes conflagraciones mundiales y los consecuentes cambios; por sus temáticas -muchas de ellas aún vigentes-; y por las diferentes técnicas y estilos por los que atravesó su obra, desde el expresionismo, el cubismo y el futurismo de sus trabajos previos a su incursión como voluntario en la Primera Guerra Mundial y durante ésta; el dadaísmo, el verismo y la nueva objetividad cargados de severa crítica social durante la República de Weimar; después de 1933 un naturalismo ecléctico, hasta llegar al neoexpresionismo y la alegoría religiosa. Es posible también encontrar en sus obras numerosas referencias a los temas y aún a las técnicas de la historia del arte, y a las mitologías clásica y cristiana en obras plenas de simbolismo, como es el caso de Naturaleza muerta con velo de viuda, 1925, (una de las varias obras con tema de las viudas que realizó en esos años referente a lo efímero de la vida) en la que utiliza la antigua técnica de las veladuras y en la que el tiento -soporte de madera usado como apoyo para la mano por los antiguos maestros para lograr esa técnica- sostiene la columna y el velo, hay además una evidente alusión a la iconografía cristiana en los lirios morados, que simbolizan la aflicción de la Virgen y la Pasión de Cristo, alusión que encontramos también en San Cristóbal IV, 1939, uno de los seis trabajos con este tema que realizó entre 1938 y 1944 con la figura del porteador de Cristo como única esperanza de salvación del mundo en esa etapa oscura. Esta obra a su vez está basada en el mito de Hércules que le sirve de inspiración para el Autorretrato con Jan, 1930. De la etapa final de su vida, cuando se acerca más a los temas religiosos, se encuentra en la muestra Varón de dolores (Ecce Homo) , 1964. De gran simbolismo asimismo es el óleo Autorretrato con Marcella, 1969, originado en una foto que cinco años antes les tomó Stefan Moses, famoso fotógrafo de Munich que realizó series de retratos de músicos, artistas y escritores, en el que Dix ha suavizado su mirada y esboza una sonrisa, en un fondo amarillo, con su nieta vestida de blanco como símbolo de un futuro esperanzador, protegida por las grandes manos del artista -una de ellas con seis dedos-y ambos rodeados por una vid como árbol de la vida.

La prolífica producción de Otto Dix muestra a cada paso su necesidad vital y obsesiva de expresarse por medio de sus obras aún en las circunstancias más adversas: dibuja en el frente de batalla gracias al material -papel de estraza, lápices de carpintero, tinta china, entre otros- que le enviaba su amiga Helene Jakob, hija del administrador de la Escuela de Artes y Oficios de Dresde. Este quehacer artístico seguramente fue un mecanismo de supervivencia, una manera de tomar distancia de la realidad del combate, el miedo, la muerte, la vulnerabilidad, al permitirle actuar como espectador y testigo más que como protagonista; durante el exilio forzado por el nacionalsocialismo en el que se vio obligado a abandonar el verismo y la nueva objetividad, retoma el paisaje, tema no muy de su agrado, ya que prefería plasmar la realidad de la vida urbana; durante el tiempo que permaneció como prisionero de guerra en Francia, pinta la capilla del campo; y sigue trabajando en óleos y dibujos en los últimos años de su vida a pesar de las secuelas de la apoplejía que padeció en 1967. Ya en Retrato como fumador, óleo realizado en 1913, siendo aún muy joven, manifiesta que la expresión por medio de su trabajo artístico es parte de su esencia, tanto como respirar. La oreja roja en este autorretrato es un homenaje a Van Gogh, uno de sus artistas favoritos, influencia también presente en las pinceladas rápidas y de gran textura en Retrato del pintor Baumgärtel, 1914.

En cuanto a los paisajes, en la muestra se encuentran dos oleos de su etapa temprana, anterior a su partida al frente de batalla: Desfiladero con caballos, 1913; y Camino forestal, 1914, y bellos cuadros de la época de su exilio en el lago Constanza, en los que es evidente su madurez como artista y el excelente manejo de la técnica, entre los que podemos mencionar Paisaje de Hegau en la noche, 1935; Bosque en los Montes de los Gigantes, 1942; Anochecer en el lago, 1939; y Patinadores en el lago de Constanza,1941.

En la vasta producción de Otto Dix es posible encontrar numerosos intereses temáticos, uno de ellos es la mujer, presentada en diferentes roles y etapas de vida, en los diversos estilos que manejó. En la muestra hay numerosos ejemplos, entre ellos, las acuarelas: Dama prostituta, 1920; Anciana, 1922; y Madame de burdel, 1923; los óleos: Desnudo reclinado, 1921; Desnudo sentado con el cabello rubio, 1932, y Venus con guantes, 1932; el dibujo en carboncillo realzado con blanco opaco Madre e hijo (Madre lactando) , 1932. Asimismo la vamos a encontrar en las series que trabajó, por ejemplo De la serie Circo: Domadora de animales, 1922; y De la serie Muerte y resurrección: Embarazo, 1922, por mencionar algunas.

En la exposición están presentes también trabajos que abordó en la década de los 20s sobre asesinatos sexuales y suicidio, eventos que, al igual que la prostitución, se presentaron con intensidad en esa época como secuelas de la guerra. Entre ellos están: Asesino sexual, 1920; Asesinato sexual, 1922; De la serie Muerte y resurrección: Suicidio (hombre colgado), 1922; y De la serie Muerte y resurrección: Asesinato sexual, 1922.