Christian Boltanski, uno de los artistas franceses contemporáneos de mayor reconocimiento mundial, a través de sus obras provoca diversas emociones que llevan al espectador a reflexionar sobre su propia manera de enfrentarse a los temas que, de forma reiterativa, ha presentado a lo largo de su trayectoria. Son, asimismo, muy interesantes y esclarecedores los comentarios y opiniones que ha emitido sobre diversos temas, de los que presentamos una selección, tomados de algunas entrevistas y de las charlas, rueda de prensa y recorrido para medios durante su estancia en MARCO los días 20 y 21 de enero pasado con motivo de la muestra Christian Boltanski. Animitas.

Sobre el arte y el artista.
La belleza del arte es ser lo más personal y lo más universal a la vez.
Me parece que hay dos razones del arte: Proporcionar emociones y exponer preguntas.
El arte es un medio para conocerse, cada quien toma lo que puede tomar.
Las palabras son contundentes, la belleza de las artes visuales es que en las obras cada quien ve lo que quiera ver. Uno habla de sí mismo, pero viene de los demás. Partimos de un recuerdo personal y se vuelve un recuerdo para cada quien.
El arte nunca acaba, nunca se termina.
El arte que es bueno está ligado vagamente a una cultura. Un artista habla siempre más o menos de la misma cosa a lo largo de su vida, cambia muy poco y, al mismo tiempo, recuerda lo mismo de manera diferente según la edad.
Toda ambición es pretenciosa. Lo que encuentro más formidable de ser artista es que uno puede tocar a la gente que no te conoce personalmente, y que uno puede tocarlos aun después de su propia muerte, proporcionar emoción a gente que está lejos de mí.

Sobre sí mismo.
Nací en el momento del minimalismo y lo conceptual. Algo que es más fuerte que nosotros es el paso de la historia.
Yo era un muchacho muy triste. Por naturaleza soy muy mentiroso, pero la verdad es muy complicada; el arte no es decir la verdad, sino hacer sentir.
Soy pintor, aunque con medios diferentes. La verdadera pintura nunca se va a acabar, lo que se llama pintura ha usado otros medios: cine, performance, etc., todo fue iniciado en las artes plásticas.
Yo pienso ser un artista expresionista, pero un artista expresionista ligado a un periodo preciso de la historia del arte. Me interesé por el art brut como los cubistas por el arte africano.
He tenido muy pocas ideas en mi vida.
Tengo un verdadero lazo con México: me impactó la idea de divertirse con la muerte, así como las iglesias: Cristo, que es el último de los pobres, y la iglesia es de oro.
Me interesa mucho el azar, nuestro nacimiento está ligado al azar.

Sobre su trabajo.
Cada obra es una pregunta. Se trata de presentarse a uno mismo preguntas de orden psicoanalítico y teológico.
Mi arte está lleno de contradicciones, la obra de arte es abierta, es el espectador el que ejecuta la obra según su pasado. Hay muchas maneras de ver las obras, que deben estar de alguna manera desenfocadas de tal manera que cada uno pueda reconocer algo de sí mismo cuando las ve. Cada quien termina la obra con lo que ha vivido; como ver una película y cada uno ve una película. No se puede comunicar sino lo que es común. Las obras son preguntas sin respuesta, pero que cada quien se ha cuestionado.
Yo presento las cosas más simples, que pienso que son comprensibles para todo el que observa mi arte; cada uno se reconoce y se apropia de mi trabajo en función de su propia vivencia.
No es el hecho de la muerte lo que me interesa, sino las contradicciones entre la importancia que tiene cada ser humano y el olvido que llega tan rápido.
Después de haberme ocupado de la muerte de otros durante mucho tiempo, llega el momento en que el tema es mi propia muerte.
Trato de ser un espejo para los demás. El artista no tiene cara, es un espejo. Quiero que el espectador esté dentro de mi obra.
La presencia de la humanidad siempre está en mi trabajo. Ese gran número evocado por las toneladas de ropa usada, por cientos de fotografías, o por miles de objetos perdidos (que recogí en la oficina de objetos encontrados), o aun por las largas listas de obreros de una fábrica en la Inglaterra del S.XIX, o de los artistas que han participado en las Bienales de Venecia desde su creación. Me intereso por lo que llamo la pequeña memoria, una memoria afectiva, un saber cotidiano, lo contrario de la gran memoria presentada por los libros. Esta pequeña memoria que para mí forma nuestras singularidades, es extremadamente frágil y desaparece con la muerte. Esta pérdida de identidad, esta igualdad en el olvido, son difíciles de aceptar; por ejemplo; cuando uno ve cientos de cráneos, todos parecen (son) idénticos.
Creo que hay mucho humor en mi obra.
Las fotos, los vestidos…remiten a un sujeto; tenemos la presencia de lo ausente. Hay mucha gente en mi obra; miles en Dead Swiss, más de 160 mil latidos en Les Archives du Coeur, etc. También he hecho obras con nombres porque es importante, en los regímenes totalitarios desaparece el nombre.
Sobre su obra: No Man’s Land (Nueva York, 2010), derivada de Personnes (París, 2010), misma de la cual se derivó Volver (Monterrey, 2016), emitió los siguientes comentarios: Es una pieza simple que cualquiera puede entender, cada vez con diferente objetivo. Es como una partitura musical que puede ser tocada por una gran orquesta o por una pequeña…es como escribir una ópera, la música está aquí, pero tú puedes escribir la historia. No puedes estar en contra de la música, tienes que trabajar con ella.
Todas las obras de la exposición forman una sola obra, como una obra nueva, aunque esté hecha por obras anteriores, está hecha para este espacio.
El 80% de mi trabajo se destruye después de la exposición, pero se puede volver a hacer.
Trabajo mucho con Internet, puedo conectarme con gente lejana, sin embargo las preguntas no cambian, sólo la manera de hablar de eso.