"La belleza del arte es ser lo más personal y lo más universal a la vez."
Christian Boltanski


Si bien todos los artistas, inevitablemente, reflejan en sus obras datos autobiográficos en menor o mayor medida, Christian Boltanski es uno de los artistas plásticos en los que esto es más evidente. En las diferentes etapas de su prolífica trayectoria se encuentran de manera recurrente los mismos temas: infancia, identidad, inconsciente, memoria, ausencia, muerte, todos ellos tratados de diferente manera y con diversas técnicas y medios. Asimismo se ha caracterizado por la utilización y reutilización de materiales de escaso valor comercial que en su mayoría pueden ser desechados al terminar las exposiciones, congruente con su pensamiento oriental, orientado a valorar el conocimiento, en contraposición al pensamiento occidental, que valora el objeto, la reliquia.

Al visitar la muestra Christian Boltanski. Animitas, que actualmente se presenta en MARCO, además de lo mencionado, advertimos en sus obras, poéticas, reflexivas y espirituales, las influencias del minimalismo, el arte conceptual, así como el expresionismo y, a nivel filosófico, el existencialismo.

Christian Boltanski nació en París el 6 de septiembre de 1944, en la etapa final de la Segunda Guerra Mundial, en un hogar formado por su padre, judío converso, su madre, católica, y sus hermanos Luc y Jean-Eli, actualmente figuras destacadas en la cultura francesa, él sociólogo y ella lingüista. Según ha relatado el propio artista, desde sus primeros años de vida las pláticas que escuchaba eran sobre los horrores de la guerra y el Holocausto, esto lo marcó profundamente con lo que él llama un trauma histórico, no obstante hay también un trauma más personal en su infancia: además de las penurias por la guerra, supo que durante la ocupación nazi en Francia, fue necesario que su padre se ocultara en el sótano del hogar para evitar su deportación a los campos de exterminio, viviendo en un estado de temor e incertidumbre constante, experiencias que le dejaron secuelas al término del conflicto bélico. Estas experiencias, aunadas a vivir los difíciles años de la posguerra y la lenta reconstrucción de las ciudades, afectaron profundamente su sensibilidad y empatía desde su infancia, determinando su trayectoria artística orientada a referencias directas o indirectas a la Shoah, a la autobiografía -real o ficticia-, a la memoria y a la muerte. Relata que era un muchacho triste.

Fue educado en la religión católica y a pesar de que actualmente no se considera creyente, siempre se ha interesado por la teología y los temas religiosos, ha dicho en entrevistas que su arte es más católico que judío, llevándole a la dicotomía de valorar la individualidad y energía de cada ser humano y el hecho de que esa vida puede terminar en cualquier momento, ya sea por el azar o el destino. Todo lo anterior se ha reflejado en su trabajo y le ha servido como catarsis y autoanálisis y, dado que considera que la finalidad del arte es proporcionar emociones y formular preguntas, trata de llevar al espectador a enfrentarse a preguntas psicológicas y teológicas que la humanidad se ha planteado desde siempre: ¿Es el azar o el destino lo que rige nuestra vida?, ¿Por qué tenemos que morir?, ¿Todo ser humano es capaz de matar? cuestionamientos probablemente sin respuesta pero que nos llevan a meditar.

En 1958, a los 14 años decidió ser artista y con el apoyo de sus padres realizó sus primeras pinturas figurativas sobre tablas de gran formato, representando escenas históricas o de personajes en situaciones dolorosas y a veces macabras. En 1967 se interesa por documentos escritos, fotocopias y originales, y fotografías de su familia. Un año después presenta su primera exposición en el Teatro Le Ranelagh, en París, en la que muestra su interés por el cine a través de grandes marionetas que lo representan en el film: La vida imposible de Christian Boltanski. Posteriormente realiza varios cortos fantásticos como L'homme qui tousse, y otros en referencia a noticias publicadas en periódicos, y en 1969 se publica su primer libro Recherche et présentation de tout ce qui reste de mon enfance. 1944-1950. Un hecho determinante en su carrera artística fue su encuentro con el curador, artista e historiador de arte de origen suizo Harald Szeemann (1933-2005), personaje de gran importancia y mente abierta, que llevó la curaduría a un reconocimiento como arte y, siendo el curador más joven de Documenta, en Kassel, Alemania, abrió la muestra a la presentación de otras formas de arte, como performances, happenings y fotografía, además de las tradicionales pintura y escultura. Szeemann invitó a Boltanski a participar en 1972 por primera vez en Documenta V en la que presentó L'album de famille en la sección titulada Mitologías individuales, concepto que sin duda se adapta al trabajo del artista. Ahí coincidió con dos artistas que han sido una gran influencia en su obra: el norteamericano James Lee Byars (1932-1997) y el alemán Joseph Beuys (1921-1986). Posteriormente ha participado en Documenta VI (1977) y Documenta VIII (1987).

En 1974 empieza a despegarse de los temas autobiográficos, tomándolos de manera más ligera y con humor en la presentación de los Sainetes cómicos, 25 fotografías y montajes coloreados con crayón o al pastel, representando escenas familiares: aniversarios, bodas, entierros, etc. en las que se burla de sí mismo y deja atrás el tema de la infancia, dirigiendo su obra hacia todo ser humano, presentando, en 1977 su serie Composiciones, integrada por fotografías de gran formato que recuerdan sus primeras pinturas. La retrospectiva presentada en 1984 en el Museo Nacional de Arte Moderno, en París, le valió ser reconocido como uno de los artistas franceses contemporáneos más importantes a nivel internacional, participando en muestras individuales y colectivas en numerosos países y continuando con la creación de importantes series, entre ellas Monumentos, en 1985, fotografías de rostros anónimos presentados a manera de altares, y grupos iluminados con focos o pequeñas lámparas; continúa presentando de manera indirecta referencias al Holocausto, al azar y a la memoria en piezas como Jewish School of grosse Hamburgerstrasse in Berlin in 1938, 1994, Grande reserve: La fete de Pourim, 1989, y Les suisses morts, en 1990, fotografías tomadas de los obituarios de periódicos suizos.

Vuelve al tema de la autobiografía en 2003 con la muestra Entre-Temps en la galería Yvon Lambert, en París, proyección de fotografías del artista desde su niñez hasta los 60 años de edad, mostrando los cambios en el rostro, que inexorablemente llegarán a la desaparición. Luego, en 2005 presenta Coeur, instalación visual y sonora en la que un foco prende y apaga siguiendo el ritmo de los latidos del corazón del artista en un cuarto oscuro, obra de la que se derivó Les archives du coeur, como una instalación interminable que, a manera de un álbum de fotos, archiva, en la isla de Teshima, en Japón, latidos de miles de personas de todo el mundo, instalación que no es necesario ver sino saber que existe.