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Fabiola Torres-Alzaga (Ciudad de México, 1978) tiene estudios de fotografía y la licenciatura por la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda. Ha participado en numerosas muestras nacionales e internacionales en Barcelona, Ciudad de México, Stuttgart, Tel Aviv y Los Ángeles. Fabiola, artista muy interesada en el cine, centra sus trabajos en el estudio de la frontera entre lo real y lo ilusorio a través del uso de espejos, permitiendo conocer tanto la ilusión como el mecanismo que la provoca, presenta dentro de la muestra Registro 04 dos obras: El espacio en medio, 2011, obra basada en la novela de Adolfo Bioy Casares La invención de Morel, que nos introduce a la ilusión, el suspenso y la historia de un romance imposible, recreada por la artista como un laberinto de espejos sobre madera, que por medio de la luz introduce al espectador en la instalación; y El problema de lo real (Vitrina #2), 2010, una de sus obras en las que utiliza madera (mesas), vidrio, espejo y cartas, en piezas visualmente atractivas con una estética del Siglo XIX.

Presentamos lo que nos dijo la artista sobre estas obras en una charla previa a la inauguración de la muestra el día 3 de septiembre de 2015.

Mi interés básico en la novela fue haber encontrado ese lenguaje cinematográfico que, más que futurista era un principio de lenguaje que estaba iniciando en la humanidad, que es ese tipo como de poder estar en varios lugares a la vez, o los lugares que contienen otro lugar como es el caso de estar en una sala de cine y ese espacio, ahí donde no hay, se está recreando, se está haciendo en base a la luz. En el caso de la novela también es una historia que la luz genera, ese personaje que vivió en otra temporalidad pero que da también la posibilidad de hacer lo imposible, hacer que conjuguen estos dos personajes en esta especie de pantalla que fue lo que me interesó hacer aquí. Si bien no podía hacer la historia de amor como me hubiera gustado, creo que lo que me gustó fue justamente como vaciarnos de esta solidez y poder ser estas sombras que se proyectan en la superficie donde según la luminosidad, pueden convivir dos personas en espacios geográficos distintos en esta pantalla que vendría a ser una metáfora de un ojo del cine y de lo que nos plantea Bioy Casares.

En este caso es una pieza que se vive, porque es lo más importante para mí: la centralidad del cuerpo dentro de mis piezas, que en tiempo real puedas estar de algún modo haciendo la pieza y entonces cada recorrido que tú hagas siempre vas a encontrar una pieza distinta, ya sea en ésta y en otras piezas que he hecho, yo nada más planteo algunas reglas que son la manera en que están dispuestas las mesas o esta tirada de cartas y es el espectador el que la resuelve, el que completa la pieza.

Cuando digo como experiencia, me interesa mucho la experiencia en tiempo real, no hay captura para nada del tiempo, estoy trabajando con el tiempo del espectador, entonces puede ser un instante si la recorres así, o puede ser una experiencia más compleja si decides profundizar en ella recorriéndola de distintas maneras. Si bien creo que en el cine y también en la Invención de Morel son dos elementos: tiempo y espacio, en este caso estoy refiriéndome más a una cuestión de espacialidad que a una cuestión de temporalidad.

Ahorita estoy trabajando en una instalación en base al lenguaje del montaje cinematográfico, esta manera, que hemos aprendido mucho a partir del cine, de concebir un espacio completo a partir de fragmentos en esa pantalla con la secuencialidad de las tomas. Estoy tratando de hacer eso que ya tenemos tan visto y de alguna manera ya entra en la concepción en la que percibimos el cine o la televisión o estos nuevos medios, pero en el espacio real. Son tres pantallas y en esas tres pantallas dependiendo del espectador, tú eres el que está haciendo el montaje de ese espacio donde resulta que la línea lógica que une a las tres pantallas y a la persona que está llevando una acción dentro del video. En realidad son dos personas y tres espacios distintos, pero en la manera en que están montados, se recrean de algún modo como en un solo espacio, pero queda la posibilidad de poder ver la puesta en escena. No me interesan engaños si bien estoy hablando del truco por ejemplo en ésta (la Vitrina #2), creo que quien hace el truco es el espectador, es una cuestión de percepción, si existe eso es porque nosotros percibimos de esa manera. No me interesa tanto el papel del que tima, sino de la manera en que percibimos. Mi interés en la pieza que estoy trabajando es la manera que en la que conjugamos esas tres imágenes para hacerla una, porque así hemos aprendido a ver.

Trabajar en las salas de MARCO fue una posibilidad de replantear el espacio que siempre, como la primera vez que montas una pieza, te queda lo que aprendes en el proceso y lo que el tiempo ya no te deja resolver, creo que eso fue lo que pude, de algún modo, desdoblar en una nueva pieza.