• 1
  • 2
  • 3
  • 4

La magia del reconocido pintor cubano Wifredo Lam quien, a lo largo de su prolífica carrera, fue reconocido con importantes galardones, como el Premio Internacional Guggenheim hechiza las salas del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey.

La muestra hace un recorrido por la vasta producción del artista, por cuyas venas corría sangre china, africana, española y caribeña. A esta mezcla se añaden sus vivencias en países como Francia y España, creando como resultado una amalgama perfecta de culturas y tradiciones.

En Europa, Lam construyó su propio lenguaje, en el que conjuntó la influencia de surrealistas y poetas con las tradiciones afrocubanas, haciendo uso de formas africanizadas y decomposición anatómica para construir personajes híbridos entre humanos, animales y plantas.

Escenas fantásticas, como salidas de sueños o de obras teatrales, evolucionan a lo largo de su vida y se transforman, por medio de un sincretismo entre la historia, la naturaleza y la cultura, en representaciones de rituales religiosos y ceremonias afrocubanas.

Wifredo Lam fue apreciado además en los círculos literarios por su facultad para hallar vínculos ocultos entre los objetos, las personas y la naturaleza, llevando su pintura al terreno de la poesía.

Ya sea en óleos, tintas, pasteles o litografías, quienes visiten esta exposición se adentrarán en el mundo de este excepcional artista, quien supo llevar la tradición afrocubana y caribeña a la escena internacional del arte.

DURACIÓN: Del agosto a noviembre, 2008.
SALAS: 1, 2, 3 y 4 / Planta baja.
NÚMERO DE OBRAS: 87 piezas.
TÉCNICAS: Óleo, litografía, gouache, carbón, tinta, témpera y pastel.
CURADURÍA Y MUSEOGRAFÍA: Roberto Cobas Amate, curador de arte cubano contemporáneo del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba y Jorge Contreras, curador de MARCO.


PRESENTACIÓN

Admirar la pintura de Wifredo Lam es viajar a un mundo místico donde figuras casi rupestres salen del lienzo y se arremolinan en una danza de los sentidos, invocando a dioses milenarios de diversas culturas.

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey se complace en traer a su público la obra de este genial artista, considerado como uno de los creadores latinoamericanos más importantes del siglo XX.

La muestra, conformada por más de 80 piezas, comprende diversas etapas de su proceso creativo, entre las décadas de los años 20 y los 70, en las que la sangre de sus antepasados se mezcló con sus vivencias alrededor del mundo para conformar un lenguaje único.

Los primeros trabajos que se abordan fueron realizados en España, y se caracterizan por representar escenas fantásticas, cargadas de un ambiente onírico; tal es el caso de Paisaje de las ventas (1926). Tras mudarse a París, tuvo un periodo que estuvo marcado por la estrecha amistad que sostuvo con Pablo Picasso, quien lo introdujo a los círculos artísticos más relevantes del momento.

En la siguiente década se puede apreciar una mayor economía de recursos: líneas simples y redondeadas por las que se le vinculó a Henri Matisse. Posteriormente adquirió sobriedad y esquematismo geométrico, valiéndose de figuras simples para representar a sus personajes.

A inicios de los 40, Lam se adentró en el surrealismo y tuvo contacto con la poesía de André Breton, de quien ilustró el controvertido poema Fata morgana. En esta etapa, sus creaciones se centraron en la exploración de temas afrocubanos mediante la luz y colores de dicha región.

Más adelante, su paleta tornó de vibrante a sombría, influenciada quizá por ceremonias vudú que el artista presenció en Haití.

Mediante el estudio de los sistemas gráficos de la cultura Ñañiga, Wifredo Lam comenzó a representar a seres conformados por figuras elementales. Sobresalen sus retratos de mujeres, representadas sobriamente en una metamorfosis alusiva a la naturaleza y lo animal.

En los 50, el artista se inclinó por el grabado; litografía y aguafuerte fueron las técnicas de su predilección. En MARCO se podrá apreciar El último viaje del buque fantasma (1976), obra en la que colaboró con el escritor Gabriel García Márquez en el estudio de la línea que divide y vincula a la vez pintura y literatura.

Por último, se presenta El tercer mundo (1965-66), pieza de gran formato que estremece por la intensidad con la que se muestran las condiciones sociales de los países americanos, proponiendo a la vez la libertad como forma de vida.

Es este un cierre perfecto, que resume magistralmente toda una vida buscando representar un mundo de creencias, de experiencias místicas que llevan a los seres humanos de vuelta a su lado animal, en una búsqueda por una existencia verdaderamente libre.


Compartir