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Exposición organizada por la Deutsche Bank Americas Foundation y Deutsche Bank Art.


De un acervo integrado por más de 50 mil obras de arte, la Colección Deutsche Bank, una de las más importantes y grandes del mundo a nivel empresarial, ofrece por primera vez un acercamiento a su selección fotográfica a través de la exposición Más de lo que los ojos pueden ver. Arte fotográfico de la Colección Deutsche Bank.

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey se complace en recibir esta colectiva, integrada por alrededor de 200 obras de 53 artistas alemanes, con el privilegio de ser la primera sede de la exhibición dentro de su gira por Latinoamérica, que tendrá una duración de dos años y abarcará siete museos.


La serie y el gran formato, sellos innegables de la fotografía teutona, están presentes en la exposición, que al mismo tiempo deja en claro también la diversidad que existe en la intención del acto de colocarse tras el lente: la documentación, la experimentación y la transmisión de percepciones subjetivas.

Las firmas de artistas de reconocidos fotógrafos como Karl Blossfeldt, August Sander, Bernd y Hilla Becher, Thomas Struth (conocido por sus series citadinas) y Andreas Gursky, además del cineasta Win Wenders, entre otros, están presentes con una riqueza de propuestas que van desde la clásica impresión en blanco y negro hasta el collage y la obra mural.

La muestra debe su nombre al efecto que puede provocar en el espectador esta selección de obra, donde el gran angular y la manipulación digital abren insospechadas perspectivas que superan los límites al alcance del ojo humano.

La fotografía, así como el dibujo, conforman una buena parte de la Colección Deutsche Bank desde sus inicios, de ahí la expectativa que puede generar esta selección, en la que participan artistas nacidos entre 1930 y 1977.

Esta es la segunda ocasión en que el patrimonio artístico del Deutsche Bank, una de las primeras empresas que empezaron a exponer arte contemporáneo en el ámbito laboral, llega a las salas de MARCO. De octubre del 2002 a febrero del 2003 se presentó aquí El regreso de los gigantes. Pintura Alemana 1975-1985 dentro de su itinerancia por México, Brasil, Argentina y Chile.

Desde hace más de 25 años, el Deutsche Bank comenzó a adquirir obra, en su mayoría de jóvenes artistas, no sólo en Alemania sino también en otros países donde esta empresa se extiende a través de filiales. Anteriormente ha abierto su colección al público a través de un par de exposiciones colectivas, pero esta es la primera vez en que presenta el panorama de la fotografía alemana a través de su vasto acervo de arte contemporáneo.

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, desde sus inicios, ha manifestado un interés por la fotografía, al presentar el trabajo de grandes maestros del lente como Manuel Álvarez Bravo, Henri Cartier-Bresson y Joseph Koudelka, entre otros. De la misma forma, se han presentado colectivas que revelan el peso de la fotografía en el arte contemporáneo.

Hoy, el compromiso se refrenda al presentar esta selección que ilustra el quehacer de los fotógrafos alemanes desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días.

DURACIÓN: Del 17 de febrero a mayo, 2006.
SALA: 6 a la 11 / Planta alta.
NÚMERO DE OBRAS: Alrededor de 200 piezas.
TÉCNICAS: Impresión cromógena, Cibachrome / Ilfochrome, Color tipo de destrucción de colorantes, Dye-Transfer y plata sobre gelatina.
CURADURÍA Y MUSEOGRAFÍA: Friedhelm Hütte, director de Deutsche Bank Art.
CATÁLOGO: En alemán, español, portugués e inglés. Está integrado por 308 reproducciones así como ensayos de Alejandro Castellanos, Eder Chiodetto, Friedhelm Hütte y Ulf Erdmann Ziegler.


PRESENTACIÓN

La fotografía como herramienta de la documentación, como medio de experimentación o como lenguaje para expresar mundos subjetivos son algunos de los aspectos que concentra la exposición Más de lo que los ojos pueden ver. Arte fotográfico de la Colección Deutsche Bank, que inicia en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey una itinerancia por Latinoamérica.

Se trata de la primera exposición fotográfica, con obra generada entre 1969 y el 2005 por medio centenar de artistas del lente, que se ha gestado a partir del vasto acervo de la Colección Deutsche Bank, integrada por alrededor de 50 mil obras.

Las series y el gran formato, aspectos que caracterizan a la fotografía alemana contemporánea, están presentes en la muestra, que tiene como foco principal a artistas alemanes, de diferentes generaciones, que han trabajado esta disciplina. Esta concentración encaja con la especialidad de la colección y con el interés que la escena artística internacional ha manifestado en los últimos años por la fotografía de Alemania.

El gran formato fue posible hacia los años 80 gracias al desarrollo tecnológico de la fotografía a color, sobre todo por el papel Cibachrome forrado con diasec face. La idea de la serie, sin embargo, se remonta a los comienzos de la fotografía. Bajo el término de serie, ciclo o secuencia, se entiende un grupo de obras artísticas unidas entre sí por un motivo o contenido en común.

En la lista de artistas participantes aparecen algunos cuyas obras por primera vez se exhibe del otro lado del Atlántico, así como de Gerhard Richter o Sigmar Polke, reconocidos por su carrera pictórica pero también por sus aportes a la fotografía artística desde finales de los años 60.

A decir de Friedhelm Hütte, curador y museógrafo de esta exposición que itinerará por México, Colombia, Perú, Chile y Argentina, el gran formato y la serie son dos variantes de la fotografía que amplían nuestra propia capacidad visual ya que transforman fragmentos del mundo visible en imágenes bidimensionales que nuestro ojo no puede captar directamente de esa manera.

Sin embargo, en el sentido más amplio y profundo del título de la exposición, añade Hütte, es apenas en el ámbito que ni la cámara ni el ojo pueden captar, ahí donde lo visto se vuelve percepción a través del recuerdo y el sentimiento, donde la óptica se transforma en experiencia y donde brillan nuestras imágenes interiores, donde nace la realidad.


MÁS DE LO QUE LOS OJOS PUEDEN VER
Texto del curador y museógrafo Friedhelm Hütte que aparece en el catálogo de la exposición.


Con la exposición Más de lo que los ojos pueden ver, Deutsche Bank muestra por primera vez una gran panorámica de su colección, dedicada exclusivamente al arte fotográfico. Siguiendo los lineamientos que se decidieron en 1980 y que rigen hasta hoy, cuando se trata de ampliar la sección fotográfica de la colección se usa el criterio “trabajos sobre papel”. Actualmente, de las 50 mil obras que presenta el vasto inventario de la colección, más de 3 mil son fotografías. En exposiciones individuales, el público había podido apreciar hasta el momento los trabajos de Bernd y Hilla Becher (1988), Katharina Sieverding (1988) y Miwa Yangi (2004).

La colección abarca casi todas las técnicas y formatos de la fotografía artística contemporánea; geográficamente, se ha centrado, aparte de en el ámbito germanoparlante, en Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón. De los fotógrafos latinoamericanos se encuentran presentes en ella Christiano Mascaro y Mario Cravo Neto, entre otros.

El foco de la exposición Más de lo que los ojos pueden ver son los artistas alemanes cuya obra artística se desarrolló después de 1945. Esta concentración encaja con la especialidad de la colección y con el interés que la escena artística internacional ha manifestado en los últimos años por la fotografía de Alemania, sobre todo por los llamados discípulos de los Becher, tales como Andreas Gursky o Thomas Ruff. Un objetivo de la exposición es, sin embargo, mostrar que también antes de, después de y paralelamente al grupo de Düsseldorf se encuentran en Alemania relevantes aportes individuales a la fotografía contemporánea. La lista de nombres contiene, por ello, una serie de artistas cuyas obras se ven por primera vez en Latinoamérica. Por otro lado, incluye nombres tales como Gerhard Richter o Sigmar Polke, conocidos sobre todo por su pintura, quienes -sin embargo- también desde finales de los años 60 aportaron a que la fotografía artística se consolidara, creando obras fotográficas que tienen una estrecha relación con la pintura o que conforman complejos independientes. En total, esta muestra reúne trabajos individuales y series del periodo 1969-2005 de 53 artistas.

La sola idea de la panorámica no parecía lo suficientemente firme para un proyecto de exposición. Se requería de un foco adicional, temático o formal, para poder extraer de entre el gran inventario una selección perfilada, legible y de contenido sugestivo. El enfoque era preciso también para seleccionar obras que, colocadas en museos arquitectónicamente muy diferentes, puedan desarrollar un efecto estético convincente. La concentración en series de gran formato permite cumplir con esas condiciones. Además, esos dos rasgos fotográficos no sólo se han vuelto una característica en este medio de Alemania, sino que se encuentran muy bien documentados en la Colección.

El gran formato fue posible apenas en los años 80 gracias al desarrollo tecnológico de la fotografía a color, sobre todo por el papel Cibachrome forrado con diasec face; provisto de gruesos marcos de madera, se consolidó pronto como alternativa a la pintura. La idea de la serie, sin embargo, se remonta a los comienzos de la fotografía. Bajo el término serie, ciclo o secuencia se entiende un grupo de obras artísticas unidas entre sí por un motivo o un contenido compartido. En poder del artista está decidir o dejar abiertas su extensión, gradación y colocación.

En principio, la posibilidad creada por la cámara de captar una multiplicidad de motivos diversos en condiciones formales y técnicas idénticas sirvió desde el comienzo de la evolución de la fotografía para ilustrar fenómenos estéticos de la naturaleza (Karl Blossfeldt) o tipologías de paisajes (Walker Evans) o seres humanos (August Sander). En la tradición de ese recolectar y ordenar se encuentran Bernd y Hilla Becher, Thomas Struth, Candida Höfer, Peter Loewy o Daniela Steinfeld. El margen de maniobra que tal principio concede individualmente a cada motivo e interés se revela magistralmente en los trabajos selectos de estos fotógrafos.

El ancho de banda de sus series va de construcciones industriales a declives de calles, y de parques zoológicos hasta oficinas computarizadas y aulas de clase. Y cada vez el observador puede encontrar nuevas relaciones, diferencias o regularidades que, teniendo a mano una sola fotografía, no se le hubiesen ocurrido tan fácilmente.

La posibilidad que ofrece la fotografía de captar en poco tiempo consecutivamente muchas imágenes de un mismo e idéntico motivo se utiliza, a partir de los estudios de movimiento de Edward Muybridge, para la Documentación de procesos. Con respecto al tratamiento contemporáneo del proceso, esta muestra incluye las borrosas fotografías de Gotthard Graubner, en las cuales captó a monjes budistas durante sus danzas. Muestra también la menos mística pero más dinámica serie Limpiar de Susa Templin y el Sueño suabo de Ottmar Hörl, que enseña la mirada rotante de una cámara, que ajustada a la tapa de una rueda recorre una pequeña ciudad suaba. A tales discursos temporalmente determinados pertenece también, en un sentido más amplio, el performance artístico, cuya documentación fotográfica representó otro punto de partida para el desarrollo de la fotografía artística en Alemania, como se manifiesta en la obra de Joseph Beuys o Klaus Rinke. El siguiente paso de esta evolución fueron las acciones planificadas de antemano para que sirvieran de fuente de series fotográficas, como es el caso en la obra de Jürgen Klauke o Dieter Appelt.

Las series que han sido realizadas estando el motivo o el fotógrafo en movimiento ilustran sobre todo el efecto rítmico que surge a través de la secuencia y la articulación. Los medios de fotografía y cine se encuentran aquí, formalmente, muy cerca.

El que la serie se componga necesariamente de muchas partes ofrece la posibilidad, aparte del orden lineal o de catálogo, del tableau, como lo muestran los dípticos de Thomas Florschuetz o los arreglos de Jochen Gerz. En la repetición geométrica de los motivos idénticos o parecidos, la fotografía manifiesta paralelismos con el minimal art. Los análisis de varios historiadores de arte detectan elementos de lo último en Bernd y Hilla Becher o en Peter Roehr, cuyos collages están basados en la fotografía comercial. Este parentesco se encuentra también en los trabajos fotográficos de los dos discípulos de Beuys, Imi Knoebel e Imi Giese.

Las series documentan, sin embargo, no sólo posterioridad, paralelismo y sincronismo, sino que sirven también para el análisis del espacio a través de la reproducción de perspectivas cambiantes, como sucede en las exploraciones arquitectónicas de Günther Förg o en las secuencias narrativas de Raimund Kummer y Hermann Pitz.

Independientemente de la estructura formal de la serie existe la posibilidad de la manipulación de la fotografía por sí misma. Contrariamente a lo que sucede en las imágenes históricas que están obligadas a documentar verazmente, en esta exposición se entiende la presencia de las técnicas de reelaboración como el retoque, el collage, la costura o los efectos digitales. Así, la fotografía se somete a la idea que tiene el artista de la imagen que quiere crear y no está obligada a reproducir una realidad aparentemente objetiva.

La fotografía alcanzó la igualdad definitiva con las técnicas artísticas tradicionales cuando se logró el desarrollo tecnológico arriba descrito; éste posibilitó reproducciones a color en gran formato, algo antes inimaginable. En ese momento, la fotografía entró a competir con la pintura y tuvo, en dimensiones inauditas, éxito, tanto en el museo como en el comercio.

El gran formato, sin embargo, es un contrapunto de la serie. Representa un instante captado, al cual se le concede importancia por el sólo hecho de su monumentalidad y de la brillante técnica de su reproducción. Esta expectativa contrasta, sin embargo, con el objeto o el ser humano escogido por el artista, los cuales ganan importancia precisamente por haber sido seleccionados para ocupar un gran formato.

Son retratos de amigos del artista, no son políticos ni estrellas; son a menudo, paisajes aburridos, no escenarios naturales en el sentido clásico. Mientras que el motivo poco espectacular de las series de Bernd y Hilla Becher se percibe por primera vez como fenómeno estético -y se le confiere importancia- a partir de que ellos muestran sus variaciones y su amplitud, algunos discípulos de esta pareja de fotógrafos, tales como Thomas Ruff y Azel Hütte, llevan la atención hacia el motivo a través del formato.

Aún cuando algunos de estos motivos en gran formato -como los retratos o las imágenes de las bolsas de valores- surgieron como serie, el observador se fija mucho más en cada obra individual que cuando se trata de series en pequeño formato; esto probablemente está condicionado por la limitada capacidad del punto de vista humano. Especialmente las vistas anteriores están concebidas en una perspectiva tal que la imagen se abre hacia el observador, creando la sensación de un espacio penetrable y cercano. Éste es el caso de la media rotonda de la Casa IG-Farben de Günther Förg, o la Sala de Louvre de Thomas Struth o los salones de exposición de Candida Höfer. También la figura que se encuentra de espaldas en la fotografía de Delia Keller conduce al observador hacia el interior del cuadro, haciéndolo ascender la Bauhaustreppe; de igual manera, el díptico de Axel Hütte Solheimerjökull I recuerda, con su reducida dualidad de cielo y tierra, a otro clásico: Caspar David Friedrich con su Der Mönch am Meer (El monje en el mar). El panorama acentúa, entonces, la horizontal: un tema clásico de la fotografía que está presente en esta exposición con el pan shot, la toma panorámica, que Martin Liebscher realizó con su reformada cámara Praktika y la foto en cinemascope del director Win Wenders.

Mientras que la dimensión y la ilusión de perspectiva de la fotografía en gran formato causan su efecto en el observador, éste puede reconocer aquí una multiplicidad de detalles con una agudeza nunca antes vista, como es el caso de la carpa de Oktoberfest o en la sala de los comerciantes. La percepción visual es guiada, en general, por el interés. El ojo humano está en movimiento, se concentra en un detalle y cambia al siguiente. Con la cámara y con la nueva técnica de reproducción, por el contrario, se pueden exponer todos los detalles de una gran superficie con la misma precisión y agudeza.

El gran formato y la serie son dos variantes de la fotografía que amplían nuestra propia capacidad visual. Transforman fragmentos del mundo visible en imágenes bidimensionales que nuestro ojo no puede captar directamente de esa manera. Sin embargo, en el sentido más amplio y profundo del título de esta exposición, es apenas en el ámbito que ni la cámara ni el ojo pueden captar -ahí donde lo visto se vuelve percepción a través del recuerdo y el sentimiento, donde la óptica se transforma en experiencia y donde brillan nuestras imágenes interiores- donde nace la realidad.


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