Raquel Tibol, una de las figuras más importantes en el ámbito cultural a nivel internacional, falleció el domingo 22 de febrero del año en curso en la Ciudad de México. Originaria de Argentina, pasó la mayor parte de su vida en nuestro País, a donde llegó en 1953 por invitación de Diego Rivera y en 1961 adquirió la nacionalidad mexicana.
Dotada de una gran inteligencia y una prodigiosa memoria, fue una dedicada estudiosa, y en muchas ocasiones testigo, del desarrollo del arte y los artistas del México Postrevolucionario hasta la actualidad. Destacó en diversas actividades relacionadas al mundo del arte como investigadora, curadora, museógrafa, periodista, conferencista, crítica de arte y escritora, contando con más de 40 libros publicados, varios de ellos traducidos al inglés, japonés, alemán, francés, rumano y ruso, además de numerosos artículos en suplementos culturales de periódicos y revistas de prestigio.

Era muy conocida por su ejercicio como crítica de arte, con el que provocaba polémicas; no dudaba en señalar directamente errores, falsificaciones o falta de oficio de algunos artistas, sin embargo también reconocía y elogiaba lo que consideraba bien hecho, basando todas sus argumentaciones con datos irrefutables. Fungió, además como jurado en certámenes de diversos países y recibió numerosos reconocimientos entre los que podemos mencionar el Premio Fernando Benítez, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 1998; el Premio Luis Cardoza y Aragón, por su trayectoria de Crítica de Arte, en 2006; y la Medalla de Oro de Bellas Artes, en 2008.

El 20 de junio de 2007 presentó en el Auditorio de MARCO dos de sus últimos libros, ambos editados por Random House Mondadori: Diego Rivera, luces y sombras, en el que expone los antecedentes sociales, políticos y artísticos que dieron lugar al Muralismo, la importancia de Diego Rivera en ese movimiento y algunos datos biográficos importantes de este artista, entre ellos: su paso por Europa, sus inclinaciones políticas y su vínculo con Frida; y Escrituras de Frida Kahlo, producto de una larga investigación, que nos permite conocer la faceta de escritora de esta importante artista por medio de una recopilación de cartas, telegramas, dedicatorias, poemas y corridos, escritos entre 1922 y 1951.

Durante la presentación en MARCO -por demás erudita, agradable y divertida- leyó fragmentos de ambos libros, se refirió a hechos históricos relacionados con los personajes mencionados en los mismos, relató anécdotas y contestó preguntas del numeroso público asistente. Al término de la charla, firmó una gran cantidad de libros.

El día siguiente, antes de partir al aeropuerto, tuve la oportunidad de realizarle una entrevista después de un recorrido por las Salas de MARCO. Un año después, en un evento realizado en el Aula Magna de la Universidad Autónoma de Nuevo León nuevamente platiqué con ella, le entregué varios ejemplares de la Revista de Voluntarios, que en ese tiempo aún se imprimía, y le tomé el retrato fotográfico que acompaña este texto. Al charlar con ella, uno se daba cuenta de su gran inteligencia, erudición y prodigiosa memoria, además de ser de trato amable y sencillo.

Durante la entrevista, enfocada sobre todo a su involucramiento en el arte, su emigración a México, y su relación con Diego Rivera y especialmente con Frida Kahlo, contó que desde la adolescencia formó parte de un grupo de amigos que asistían a conciertos, exposiciones, al cine club y se acercaban a todas las expresiones culturales posibles, comentó: Creo que mi primer acercamiento al arte fue en ese período que marcó de manera muy profunda mi proyección hacia el futuro. Teníamos una formación cultural múltiple, que no se daba en ninguna escuela. Realmente, considero que esas fueron mis universidades. También concurría a bibliotecas: ¡Eso, para la formación, es tan tremendamente importante! El Museo de Bellas Artes de Buenos Aires no era un museo muy bien organizado, pero era el único lugar donde había una biblioteca con libros de arte, y ahí fue donde me acerqué por primera vez al arte mexicano, leyendo lo poco que había.

Posteriormente se fue a vivir a Chile, en donde hizo periodismo cultural en revistas y en la radio. Eran los 50s y aún no había televisión en Chile. Fue entonces que regresó Pablo Neruda de su exilio y organizó el Congreso Continental de la Cultura al que asistieron invitados de muchos países, entre ellos dos delegados de México: el historiador José Mancisidor y Diego Rivera, a quien entrevistó para la Sección Cultural del periódico La Prensa, de Buenos Aires. La entrevista se publicó en dos partes, la primera sobre la obra de Diego y la segunda sobre Frida Kahlo, de quien no sabía nada pero sobre la que se interesó debido a que, según relata, lo primero que le dijo Diego al entrevistarlo fue: Antes de hablarle de mí, le voy a hablar de mi mujer, Frida Kahlo. De esa conversación salió el primer artículo que se publicó en Sudamérica sobre Frida.

Por invitación de Diego, llegó a México el 25 de mayo 1953, directamente a la casa de Frida en donde vivió por un tiempo: Llegar a la casa de Coyoacán era meterme en un mundo totalmente desconocido: obra prehispánica, judas, Frida misma un personaje singular. Para Frida eran ya momentos muy difíciles, con su salud sumamente mermada. Le pide que le dicte su biografía, publicándose, en vida de Frida en marzo de 1954 en México en la Cultura, la entrevista de tipo autobiográfico más sistemática que se había escrito y que aportaba datos antes desconocidos de la artista. Ese mismo año, en el mes de julio fallece Frida, a quien consideraba una persona muy culta e inteligente, un ser sublime, que en cierto momento le contagió su dolor y desesperanza, una artista en la que es imposible separar vida de obra, una personalidad que se adapta a lo que estamos viviendo, tragedias, guerras, cuerpos destrozados: Frida reúne estas situaciones en su persona, físicamente quebrada, con muchos elementos de dolor y oscuridad, y a la vez de brillantez y superación. De hecho, se podría aludir al nombre de uno de sus cuadros: “Árbol de la esperanza, mantente firme”, mantenerse firme pese a las múltiples desgracias. Frida es una personalidad múltiple que se adapta a nuestra época y eso es lo que creo que la hace tan atractiva a públicos diversos de todos los continentes.

Raquel Tibol, quien falleció a los 91 años, es ejemplo de una larga vida dedicada con pasión al estudio y a la difusión del arte mexicano, dejando en sus obras un legado erudito de gran valor que ha sido y seguirá siendo un referente obligado para artistas, curadores, críticos y para todos los interesados en ese tema.

Fotografía: Margarita Rodríguez