WILLIAM KENTRIDGE Mediante el dibujo y la animación, Kentridge pone en marcha una extraordinaria facultad para hallar relaciones ocultas entre la textura del grafito sobre el papel y una historia que emerge sin guión; con una especie de poesía serena construye narraciones imposibles, acontecimientos y situaciones que revelan una comprensión profunda de la imaginación.
Propone explorar el movimiento entre lo que vemos y lo que sabemos, entre los matices del gris y el azul inventar un mundo, o varios; mostrar que no es suficiente estar en el mundo para estar vivo, que es preciso ponerse en juego y, mediante la conciencia de nuestra voluntad y nuestro deseo, ejercer la imaginación como posibilidad para comprendernos.
Las obras de este artista construyen su propio universo de significado, muestran una gramática interna capaz de explorar con gusto los límites del pensamiento, y de ampliarlos; muestran una tranquila y poco frecuente pasión por inventar resquicios para que la libertad logre colarse en nuestra experiencia.
William Kentridge inventa las imágenes, el relato, la mirada, y se inventa a sí mismo; inventa mundos que se abren y se parecen, cada vez más, a un poema; quizá por eso, este tipo de arte nos es tan preciso a cada minuto.