CURADURÍA Y MUSEOGRAFÍA: Jorge Contreras.

Esta exposición reunió 16 de las piezas más representativas del trabajo de esta joven artista tapatía, realizadas entre 1996 y 2002.

En ellas, Santiago se vale de su sangre, así como de cabello propio y de sus allegados, que entreteje y une con cera y otros materiales para dar forma a sus emociones. Por lo general exhibe sus piezas en cajas de cristal que ella misma diseña. Dichos materiales encierran también un simbolismo que alude al carácter humano, pues si bien son de apariencia delicada, poseen una fortaleza que puede sorprender a los incrédulos.

Ropones, huipiles, un yelmo, un pectoral y otras figuras orgánicas son como objetos rituales que delatan un mundo de tradiciones que indudablemente ha influido en la manera en que Paula Santiago ve el universo de los entimientos. Muchas de sus obras recuerdan a vestimentas indígenas o ropones de siglos pasados, tanto por el estilo como por el delicado trabajo, especie de bordado, que con suma delicadeza realiza con el cabello.

Sus descubrimientos quedan plasmados en su arte y también parte de ella misma.