Se trata de retratos, mayormente de niños, realizados por la artista entre 1999 y 2008, en los que los personajes emanan un aire misterioso y surrealista.

Sus modelos, cuidadosamente escogidos, suelen ser los hijos de sus propios amigos, a quienes retrata en un estudio con una iluminación meticulosa, para posteriormente colocarlos sobre fondos previamente elegidos de acuerdo a su intención. Éstos pueden ser tanto fotografías como pinturas realizadas por ella misma, conjuntando así el arte tradicional con los nuevos medios.

Lux no pretende capturar la esencia cándida y espontánea de los pequeños, puesto que ha declarado que su fotografía no se trata de los niños, ellos son como marionetas que viste y dirige a su antojo hasta conseguir la escena perfecta.

Los escenarios suelen ser minimales, pocos elementos arropan a los personajes, que parecen inmersos en un mundo surrealista de colores pastel. La luz que los baña, muy a la manera de los grandes maestros, los congela en un tiempo y espacio indefinidos, como esperando la eternidad.
Lux exhibe la gran influencia que tiene en su obra la educación en pintura recibida en la Academia de Bellas Artes de Munich y los pinceles de grandes maestros como Bronzino, Goya, Runge y Velázquez.

Su obra también ha sido comparada con la de famosos retratistas de niños como Julia Margaret Cameron y Lewis Carrol, entre cuyos retratos de niñas se encuentran los de Alice Liddell quien, se dice, le inspiró la historia de Alicia en el País de las Maravillas.